Pasarela de pinchadiscos. Ocho mil personas (las contaron los organizadores) tomaron el pasado sábado el castillo de Salvaterra. Desde que hace cuatro años la concejalía de Cultura abrió la veda de O son da muralla, no paran de sumarse adeptos. Llegan desde los más inusitados puntos del mapa. El caso es poder contemplar en vivo y en directo el trabajo de algunos de los mejores Dj's.
Dicen los aficionados a este tipo de espectáculos que mereció la pena, aunque sólo fuera por escuchar las mezclas que salen de la inventiva de Gabry Ponte. La actuación del italiano fue la más esperada de la noche, especialmente por el gremio femenino. Charlie, Caroca y Rachel completaron la plantilla de estrellas, que mantuvieron alto el listón hasta muy altas horas de la madrugada. Eso sí que es abrir la muralla.
Para chocos, Redondela. Y si a la buena materia prima, se unen las manos expertas, el combinado es espectacular. Lo saben los clientes de El Porrón. La casa de Enrique Tuche no necesita carta de presentación. La conocen en medio mundo.
Ayer, sin ir más lejos, me recordaba la famosa anécdota de Luc Leblanc. El ex campeón del mundo de ciclismo, ahora convertido en comentarista deportivo, se merendó a sus rivales en una de las etapas de la Volta a Galicia después de haberse marcado una inyección de callos y chocos en El Porrón. Estoy de acuerdo con Tuche en que si a todos los ciclistas les diera por tales adicciones, mejor le iría al ciclismo. Pues sí.
Enrique Tuche recibe día sí y día también cartas y postales de clientes agradecidos. Una de las de ayer estaba sellada en Alemania y la firmaba Groendelle. Le daba las gracias por haberla hecho disfrutar tanto con la comida. Piropos parecidos pueden leerse en otras llegadas desde Canadá, Australia, Japón...
La mayoría de los remitentes son peregrinos que han hecho el Camino portugués. Algunos dicen estar dispuestos a repetir la experiencia sólo por volver a saborear los platos que preparan Milagros y Mucha. Eso sí es fidelidad.
Adiós al decano de los filatélicos. Manuel Lago se fue para siempre el pasado fin de semana. Pero queda su obra. Apasionado por el mundo de los sellos y, en menor medida, de postales y monedas, pocas personas en el mundo habrán sido acreedores de tantos premios como él. Ha recibido más de 2.000, entre ellos varias medallas de oro.
Los trabajos de Manuel Lago resultan de obligada lectura para conocer, por ejemplo, la presencia de Galicia en los sellos. De hecho, fue autor del primer tratado postal dedicado a la Comunidad Autónoma. Firmó también una serie de publicaciones monográficas dedicadas, entre otros, a Castelao, Carlos Gardel o Antonio Palacios. Con Filatelia de Galicia, que prologó Camilo José Cela obtuvo el premio José Gomis Segui en 1966.
Me cuenta uno de los amigos que el sábado asistió a su funeral, que siempre que tuvo oportunidad (y cuando no la tuvo la buscó) trató de que Correos incluyera a Vigo en sus ediciones filatélicas, en varias ocasiones con éxito, como ocurrió a propósito de la inauguración del puente de Rande. También se debe al empeño de Manuel Lago que Correos incluyera en su serie Castillos de España a alguno gallego. El primero fue el de Vilasobroso.
Decía antes que cuando no encontraba oportunidad para hablar de Vigo la propiciaba. Eso hizo cuando editó una postal en la que aparecía una obra de Picasso. La niña con pies descalzos. La obra en cuestión es de la época coruñesa del pintor, y aunque fue en la ciudad herculina donde la pintó, la niña, hija de Eduardo Méndez Brandón, había vivido en Vigo, donde su padre ejerció la abogacía.
Especialista en temática del caballo, poseía la que está considerada la mejor colección del mundo en la materia. En el Instituto de Estudios Vigueses, del que fue miembro fundador, publicó con cierta frecuencia. Algo de Vigo y del olivo fue uno de esos trabajos. Quizá el último.
Vacaciones desestresantes. Cada vez somos más objeto de deseo vacacional. Sobre todo por parte de aquellos que ya nos han visitado antes. Por algo será. Es el caso de Luis Mariñas y familia, que han elegido el Balneario de Mondariz para darle un respiro al cuerpo. El periodista reparte su tiempo de ocio entre el Palacio del Agua y algunas excursiones a Vigo o Baiona. Y luego, más agua.