La Mirilla
23 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Sí, se cumplen 50 años desde que el establecimiento hotelero abrió sus puertas. Fue un 8 de junio de 1957, pero el edificio no acusa el paso del tiempo. No hay trampa ni cartón, lo único que hay es mucho dinero (1,3 millones de euros) invertidos en su rehabilitación. Santiago Amorín, su propietario desde 1999, se fijó desde el primer día el objetivo de transformarlo de arriba abajo sin que perdiera su esencia. Y eso ha hecho. Como no era cosa de pasar por alto un aniversario tan redondo, Amorín organizó ayer un sarao cuya última pretensión era repartir agradecimientos. A los clientes por tanta fidelidad; a los curritos por sus respectivos granos de arena diarios, y al Concello por haber apostado por humanizar la zona. Dichos agradecimientos se tradujeron en la concesión de los primeros premios Almohada de oro. El institucional lo recogió la titular de Turismo, Lucía Molares. Los dos restantes tenían nombre y apellidos. El del trabajador fue para José Ventín, hoy retirado, que formó parte de la nómina del América durante 36 años. Empezó de botones y terminó de director. Manuel Hermida, un coruñés que lleva 16 años hospedándose en el hotel, se hizo acreedor de la Almohada destinada al cliente, que le fue imposible recoger en persona. Lo hizo en su nombre Patricia, la directora. Después de tantos años, lo que le sobran a Ventín son anécdotas. Como cuando, en sus años de botones y mientras le acompañaba a la habitación, le pidió a Antonio Machín una entrada para ir a verle actuar. «Toma chico -me dijo con su acento cubano- 25 pesetas y vete a comprártela». O aquella otra, en este caso en su faceta de director, en la que una pareja de recién casados pidió que les fueran preparando la cuenta mientras desayunaban y desaparecieron sin más. Cuando subieron a su habitación descubrieron que habían bajado las maletas a la calle entre las sábanas atadas. Llamaron desde Sanabria para prometer que enviarían un cheque. Siguen esperando. Además de una especialidad, la micronovela que, en Galicia, no estaba pillada. El alcalde, Agustín Reguera, y el mandamás de Xerais, Manuel Bragado, se hicieron ayer la foto que inmortaliza el acuerdo entre ambas partes. La una pone los euros, en tanto la otra se compromete a editar un libro con los dos mejores trabajos. Hace tiempo que Reguera venía dándole vueltas a la posibilidad de incluir al municipio en el mapa de premios literarios. Por supuesto en gallego. No en vano el Concello que preside fue la primera institución que ganó el Lois Peña Novo, galardón que reconoce el empleo de la lengua gallega en el mundo de la función pública. Las obras que se presenten (del 1 de octubre al 30 de noviembre) tendrán que ser originales e inéditas, con una extensión mínima de 35 folios y máxima de 60. Habrá sendos premios dotados con 2.000 y 1.000 euros, respectivamente, que los autores tendrán que acudir a recoger en persona.