Al Sur del Norte | Enma González Bermello El sentido del humor y el pragmatismo impregna el carácter de la política y empresaria afincada en Vigo desde la infancia que ahora se dedica con fruición a la lectura y la calceta
12 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Enma Rosa González Bermello (Ourense, 1931), ocupó la alcaldía de Vigo en 1976. Además de ser la primera mujer regidora de la ciudad y parlamentaria gallega (por UCD de 1981 a 1985, y por Alianza Popular del 86 al 89), hace pocos meses que dejó su actividad como empresaria al frente del consejo de administración de Baladrón. Desde su piso, que habita junto a su perro y decenas de recuerdos de sus tres hijos, sus siete nietos y su fallecido marido, la vista alcanza buena parte de la ría. González Bermello está de vuelta de casi todo, «pero no de la buena educación», comenta, molesta porque alguien le dijo que se había significado políticamente cuando hace unos días saludó en un acto público a Corina Porro. - ¿Cómo vive ahora la política? -Pues como una ciudadana más. - Su mandato fue casi accidental, ¿no? -Sí. Fueron desapareciendo todos los alcaldables ¡y sólo quedaba yo! (risotadas). Claro que es un accidente, pero es que ya pasaron tantos años que no tengo una idea muy clara. ¡Ah, sí!. Estaba de alcalde Joaquín García Picher y empezó a decirme: 'Prepárate porque te vas a quedar de alcalde, que yo me voy'. Nunca supe porqué tomó aquella decisión. Me gustaba como alcalde. Tenía carácter. Tomaba decisiones y se cumplían. - ¿Le hubiera gustado estar más tiempo como alcaldesa y realizar su propio proyecto? -No me lo planteé nunca porque a continuación llegaron las elecciones al parlamento gallego y me incluyeron en las listas. No tuve tiempo de reflexionar sobre si me hubiera gustado continuar. Las cosas fueron rodadas. - ¿Continúa dedicada a su empresa? -Ya no voy a las tiendas porque, la verdad, ya soy mayor. A mí me atrajo mucho la empresa cuando vivía mi marido. Estaba muy cómoda. Él se creía que yo participaba mucho en las decisiones, pero yo sólo le decía que sí, que maravilloso, estupendo. Él era feliz así porque hacía lo que le gustaba y yo encantada de no tener que comprometerme en soluciones que luego me pudieran dar en la cara. No llevo la cuenta de los años que hace que me falta. No quiero llevarla. Viví durante trece años sola en un chalé en el alto de San Cosme, pero mi hija me convenció para que no estuviera tan aislada y me mudé a la ciudad. - Por cierto, Baladrón ha dejado el centro de Vigo... -Sí, hemos dejado la tienda porque ya no nos convenía económicamente. Ahora está todo junto al seminario. Uno de mis tres hijos sigue con la empresa. - ¿Le sigue gustando viajar? -No me gusta ir sola pero como las amigas no se animan, voy a ir igual. A lo mejor, en el Queen Mary 2. Con mi marido hice como dieciocho cruceros o así. También viajábamos mucho por trabajo mi marido y yo. A donde iba me compraba un búho. Los tengo de toda Europa - Usted se dedicó a la política en un momento en el que eso de la conciliación ni existía... -Yo siempre procuré estar en casa a la hora de comer. Con toda la familia. Algún día tenía alguna obligación ineludible. No había escapatoria y mi marido era consciente de que era así. ¡Ahora hay tantos problemas domésticos! Los matrimonios se matan. Me quedo pasmada. Debe ser que nosotros estábamos tan enamorados que no se nos ocurría ni la mínima discusión. - ¿En qué ocupa su tiempo ahora? -Leo libros por un tubo. Y leo de todo. Me da igual. Lo que menos me gusta es el romanticismo, porque soy muy práctica. Leo todos los periódicos todos los días. De vez en cuando tengo que dejar la lectura para coger la calceta ¡porque me meto a hacer cada cosa que o acabo o acaba ella conmigo! - Pues ahora calcetar está a la última... -¡Yo calceto y hago ganchillo hace muchos años! He hecho colchas para todos mis hijos y ahora estoy con las de los nietos. - ¿Desde cuando vive en Vigo? -Vine cuando tenía 7 años. Se puede decir que soy de Vigo. Siempre me gustó. Hace poco fui a Ourense y está precioso. Con una ciudad tan bonita como tenemos me pregunto cuándo podremos alcanzar el nivel de belleza de otras ciudades. Creo que parte de la culpa es nuestra, que no la cuidamos. ¡Y está mejorando desde que está Corina Porro! ¡Ojo, que yo reconozco las cosas y lo que veo lo digo!