Un traslado obligado y amargo

J. Santos CANGAS

VIGO

Reportaje | Ejecución del desalojo por riesgo de derrumbe Diez familias de Cangas se ven forzadas a abandonar sus viviendas al resultar dañado el edificio a raíz de la construcción de un inmueble colindante destinado a piscina y gimnasio

04 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

El Concello de Cangas notificó ayer a los propietarios e inquilinos del edificio de la avenida de Ourense rotulado con los números 23 y 25 la orden de desalojo inmediato. Era una orden esperada, por lo que algunos de los afectados ya llevaban días buscando nueva vivienda. Maite Rahier y su marido, Carlos Mauricio, del 2º B, iniciaron ya el traslado. Consiguieron una casa en Coiro, que alquilaron por tres años. Tendrán que pagar el alquiler de la nueva vivienda, seguir pagando la hipoteca que pidieron para comprar el piso. Hace seis años y aportar la cantidad que les corresponda para costear el apuntalamiento del edificio, coste calculado en unos 25.000 euros que han de repartirse entre once, las diez viviendas y el bajo. La entrada de Maite Rahier y Carlos Mauricio está llena de cajas. Ellos y sus dos hijos han de sortearlas cada vez que entran o salen del piso. «Este es mi piso», dice ella, mirando alrededor. «Estamos con la cadena al cuello y cada vez más apretada, y encima, con la huelga del metal», dice él, que trabaja como gruista en Vulcano. En el 3º C viven Raquel Mauricio y Jorge Gestido, con su hija de seis meses. Compraron el piso hace exactamente un año. Pagan casi 450 euros mensuales de hipoteca y ambos están en paro, con unos ingresos mensuales de 800 euros. Él es marinero y ella, auxiliar de enfermería, aunque, dice, «trabajo en lo que me venga». El matrimonio no encontró todavía una nueva vivienda a un precio que puedan asumir. Gran parte de los alquileres están reservados para la temporada de verano. Los inquilinos del 2º C encontraron casa en Rodeira. Iniciaron también los trabajos del traslado. La dueña del 1º C, madre de Raquel y Carlos Mauricio, se trasladó tiempo atrás a vivir a Vigo. Ayer visitó su piso, el más afectado de todo el edificio. Sus pertenencias están empaquetadas y listas para su traslado. Tal era ayer su nerviosismo que ni se acordaba donde había dejado el bolso. El edificio lo construyó hace más de 40 años la familia Barcia, que conserva la propiedad de seis pisos. Amador Barcia y su mujer viven en el ático. Hicieron en él la vivienda de sus sueños. «El diseño de una casa ya implica una cierta relación con ella. Ahora tenemos que dejarla, con lo que hemos luchado. Esta sensación, me puede», dice Amador Barcia, que también se vio obligado a buscar nuevo piso. El edificio se asienta sobre una zapata perimetral de un metro de anchura, aproximadamente, sobre el que se elevan los pilares que soportan la construcción. Según afirma Amador Barcia y ratifican otros propietarios, la empresa Sport Club Morrazo, propietaria del Gimnasio Atlantis, cortó las zapatas, dejando los hierros al descubierto y profundizó por debajo. La familia que construyó el edificio dañado no tiene la menor duda de que fue esto lo que provocó la inclinación del edificio. La fachada trasera tiene un desplome de unos 8 centímetros. «Es demencial que tengas que dejar tu casa por la negligencia y la falta de responsabilidad de unos técnicos y de un promotor que no tomó las más mínimas precauciones y que estoy seguro que ni siente lo que nos está pasando», se queja Amador Barcia.