Ahora no

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

28 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Era tan previsible como los incendios en verano que las lluvias otoñales arrastrarían las cenizas y la tierra desprovista de agarres hacia los ríos y el mar. Y ahí están, en efecto, los lodos de aquellos polvos. Más piedras y árboles, pues la riada se lo ha llevado todo a su paso, como un ladrón. No ha encontrado muros, sino puertas abiertas. Y eso que estábamos, decían, sobreaviso. Los mariscadores están que braman por la cuenta que les trae. Como todos los que se han quedado sin muebles, coches y enseres por la entrada de este Atila de fango que se sabía que podía venir. Y que vino, vio y arrasó. El Verdugo, uno de los dos ríos que sueltan su caudal en el fondo de la ría, baja hecho un batido de barro y va a fastidiarles la vida a los moluscos, y con ello les hará la pascua a los mariscadores y, a la postre, a todos. Sin embargo, aquí no pasa nada. Bueno, sí, hablan de ayudas y tal, pero lo que me pregunto es dónde están las televisiones. Recuerdo hasta con una brizna de nostalgia, el show que montaron con el Prestige. Aquí estaban todas. Siempre en la playa más chapapoteada, en el lugar de la protesta, de la manifa, de la bronca, de la noticia. Si hasta arribó Greenpeace, con su barco y su pájaro muerto. Ahora no viene nadie. Cierto que luce más un ave que un berberecho. Y una marea negra es más fotogénica que una de lodo. Y más diferencias podíamos entresacar para explicar aquello y esto, aunque la madre del cordero es la política. Recuerdo que hubo mucho lamento entonces por los percebes. Unos amigos míos escribieron un artículo que demostraba que no habían muerto percebes por culpa del fuel, y casi los lapidan por Internet. Qué tiempos aquellos y estos.