Una oferta arrolladora

PABLOS

VIGO

CONTRASTES | O |

19 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

PROBABLEMENTE, ninguna otra ciudad española del tamaño de Vigo presenta actualmente una oferta cultural, y en concreto, plástica, tan amplia como la nuestra. Y es verdad que la hemos alcanzando en pocos años, ya que hace no más de cuatro décadas lamentábamos todo lo contrario, un pauperismo preocupante para una urbe que se aproximaba al cuarto de millón de habitantes. No hay más que visitar las salas de exposiciones de la Casa das Artes, de los dos centros culturales de Caixanova, de Caixa Galicia y las muchas galerías particulares para comprobar que el espectáculo de la pintura, el grabado, la fotografía, la escultura, atraen a numeroso público. Todo ello sin olvidar que con la cantidad se da habitualmente aquí la calidad. Pocas veces se han mostrado, simultáneamente, exposiciones de la importancia de la de pintura francesa moderna, arte de toda Suramérica, fondos casi desconocidos del museo local, testimonios del camino de Santiago y el talento de un gran artista gallego como es Isaac Díaz Pardo. Por cierto que esta entrañable y admirada personalidad, que asistió a la inauguración de su muestra, se empeña en afirmar que su pintura carece de importancia, cuando, de no haberla abandonado, le situaría en lugar destacado del panorama internacional como el más conspicuo recreador del Renacimiento hasta el Barroco, ya que supo absorber, y hacer suyos, postulados y encantos que van de Tiziano a Goya. La otra cara de la moneda está en las exposiciones que nos ofrece el MARCO, justificando su denominación. Porque lo absolutamente contemporáneo es lo que suele tener cabida en él, y más aún, la apuesta por un futuro cuya perdurabilidad es dudosa, pero que, al fin, es la expresión más significativa de este tiempo nuestro, tan cambiante, tan convulso, tan dado a modas y modos poco más que efímeros. Si algún día halláramos albergue adecuado a lo que no cabe en el pazo de Castrelos, habríamos rematado una encomiable tarea ya en marcha.