Voladuras al mediodía

VIGO

M. MORALEJO

Reportaje | Indignación en Freixeiro y Pontenova Para la construcción del centro comercial se utilizan explosivos a diario, desde el pasado mes de mayo, que originan grietas en las viviendas y temor entre los vecinos

12 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

«Mi hijo Pedro, de ocho años, cogió tal miedo que no quiere venir a comer a casa». María Martínez regresaba con sus dos hijos pasada la una del mediodía de ayer con la expectativa de si habría voladura en Finca do Conde, como ocurre casi todos los días desde el pasado mes de mayo. Vive en una casa unifamiliar a escasos metros de la parcela del futuro centro comercial. «Empezaron un jueves tras darnos a los vecinos el aviso de que cada vez que oyéramos una campana no saliéramos para nada. Así empezaron a producirse las voladuras con explosivos, de las que la consecuencia más evidente son las grietas que han aparecido en docenas de casas, aunque el miedo que estamos pasando es imposible de medir». Esta vecina relata el caso de una vivienda próxima, «donde el perro está desquiciado desde que comenzó; ahora éste y otros perros ladrán minutos antes de la explosión, cuando todavía no ha sonado la campañilla; no sé como ocurre pero presienten lo que va a ocurrir». Prioridades Según explica, al poco de comenzar «esta familia denunció lo que ocurría a la Guardia Civil, pero los agentes realizaron mediciones y dijeron que eran legales las voladuras. Personalmente no lo entiendo; nosotros estábamos aquí antes que el centro comercial. Por tanto, que hagan lo que tengan que hacer pero sin molestar a los vecinos y sin generar peligro», concluye. Esta quejas son las mismas que desgranan Geni Acosta y Mari Carmen González, presidenta y vicepresidenta de la asociación de Vecinos de Freixeiro-Pontenova. Desde hace meses está organización canaliza la batalla legal de los vecinos para que se controlen las voladuras, sin éxito alguno. «No tenemos problemas con la construcción del centro comercial; hubo polémica pero esta en marcha y no hay nada que decir. Lo que criticamos es la situación en que vivimos en la zona desde hace ya seis meses, y que ni siquiera sabemos cuando terminará». En compañía de ambas, dos periodistas de La Voz recorrieron ayer varias casas de esta zona próxima a la Gran Vía esperando la hora de la explosión. «Lo hacen siempre después de la una, cuando se van los obreros de las dos torres de viviendas que se construyen al lado. En caso contrario, suponemos, correrían un notable riesgo». Pasa la hora prevista y la explosión no se produce. «Posiblemente han visto gente con cámaras y hoy no harán nada. Ocurrió igual el día que vinieron los inspectores del Concello. Parece que están al tanto y si ven personas ajenas prefieren esperar». Sea o no este el motivo, lo cierto es que ayer no hubo explosión a las trece horas.