Tener y mantener

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VIGO

CONTRASTES

06 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

DIFICIL es conseguir un nombre, un prestigio, una fama bien asentada en el mundo del arte. Pero más aún es mantenerla, sobre la base de que cada aparición ante el público sea de calidad superior a la precedente. Por ello, cualquier desmayo puede destruir de pronto un prestigio ganado en años de sacrificio y esfuerzo. Y esto se acusa más en el teatro. La versión escénica que de la novela «El retrato de Dorian Gray», de Wilde, ha hecho Fernando Savater, resulta discursiva, monótona, carente de ritmo. Y a ello contribuyó también la puesta en escena, con un decorado sinóptico que puede que ahorre gastos, pero que corta la accción en fragmentos aislados, que no tienen emoción sino en la segunda parte de la representación, aunque en modos tan melodramáticos, que más parecen «culebrón» televisivo o «serial» radiofónico que teatro, propiamente dicho. Añadamos que el atractivo, casi fascinante personaje wildeano que es Dorian Gray queda, en la interpretación de Eloy Azorín, desvaído, agrisado, de mero señorito maligno y caprichoso. Y que las esperanzas puestas en el veterano José Luis Pellicena, que interpreta a lord Watton, se sienten defraudadas ante la rutinariedad con que se comporta. Si además recordamos otras versiones, alguna en el cine, de la novela wildeana, las comparaciones son inevitables y el resultado nada alentador. Sin embargo, el público, que siempre tiene la razón, aplaudió con relativo entusiasmo la representación que nos trajeron, nada menos que patrocinada por el Minsiterio de Educación y la Comunidad de Madrid, lo que indica que en Vigo gusta el teatro, cualquier representación que se ofrezca, y que basta que unos cuantos actores suban al escenario a recitar sus papeles para que la asistencia se sienta a gusto. Esperemos que inmediatas funciones de la temporada programada por Caixanova retornen al nivel de calidad verdadera a la que la mencionada institución nos tiene ya acostumbrados. De seguro que será así.