Ciudadanos de Europa

La Voz

VIGO

La Mirilla

25 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay mejor forma de acabar con los localismos de orejera que compartir experiencias con gentes de miles de kilómetros a la redonda. En eso están en el colegio del Chouzo desde hace tiempo. Comparten un programa con colegios de Halle (Alemania), Kokola (Finlandia), Como (Italia) y Polygyros Thessalia (Grecia), de suerte que profesores de todos los centros se unen al menos una vez al año para contarse a pie de obra sus respectivos métodos de trabajo. Esta vez el centro anfitrión ha sido el vigués. Precisamente ayer celebraron una comida de despedida después de pasar cinco días juntos. Durante este tiempo, además de comparar sistemas educativos y metodologías, han tenido oportunidad de conocer la ciudad, su cultura, historia, economía... Sin ir más lejos, el programa de visitas de la jornada incluyó la sede de las industrias conserveras y el museo Liste. Cada uno guardará en la retina lo que más le ha impactado. Por ejemplo, a los griegos les han encandilado los museos, a los italianos el puerto y, ojo, la limpieza de la ciudad; a los finlandeses las playas, y a los alemanes el trato y la camaradería que se respira en el colegio Emilia Pardo Bazán. Pues a partir de hoy ya empiezan a preparar el próximo encuentro, esta vez en Italia. Lo mejor de todo es el fin último de tanto viaje y tanto roce, que no es otro que propagar la ciudadanía europea. Amén. La lista de misses es tan larga que podría parecer que ya estaban todas. Pero no. En Baiona acaban de instaurar un nuevo título, cuyo principal morbo es que no incluye paseillo en biquini. Los méritos que se dirimen tienen que ver más con los valores internos que con el caparazón. Con esta premisa nació el pasado fin de semana en Baiona Miss Ama de Casa. El certamen aún tiene otra peculiaridad, no hay que presentar candidatura; son las propias colegas de la villa las que deciden quién es la mejor sin necesidad de concurso. Y para empezar, han estado de acuerdo en que la primera propietaria de la banda tenía que ser Rosina Leyenda, una redera jubilada que fue capaz de criar sola (enviudó joven) y con mucho esfuerzo a cuatro hijos. Puestos a premiar, también se reconoció la simpatía de Zulema Goce, mariscadora de profesión, y la elegancia de Carmen Ratel, propietaria del restaurante Naveira, el que se celebró la fiesta.