Reportaje | Efemérides viguesas Se cumple hoy el trescientos dos aniversario de la batalla de Rande, choque bélico que dio pie a la leyenda del tesoro de los galeones hundidos
22 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.«Alrededor del Nautilius, hasta un radio de media milla, aparecían las aguas impregnadas de luz eléctrica, iluminando con una gran claridad las arenas del fondo. Algunos hombres de la tripulación, revestidos de escafandras, se ocupaban de desfondar toneles medio podridos, cajas desvancijadas, en medio de objetos ya ennegrecidos. De aquellas cajas, de aquello barriles, se escapaban lingotes de oro y de plata..». Así describía Julio Verne, en el capítulo octavo de Veinte mil leguas de viaje submarino , como financiaba el capitán Nemo sus aventuras submarinas. La novela, que universalizó el nombre de Vigo, hunde sus raices en un acontecimiento que se produjo hace hoy trescientos dos años. La batalla de Rande fue sobradamente celebrada hace dos años, cuando coincidió el trescientos aniversario. El Museo del Mar acogió entonces una macro exposición, muy visitada por la ciudadanía viguesa. Incluso, los últimos buscadores del tesoro submarino estuvieron en la ciudad recordando su aventura. Desde mediados del siglo XVI, la Hacienda española organizó un sistema de transporte de mercancías entre España y América que se denominó la Carrera de Indias. Para protegerse de los piratas del Caribe, los mercantes cubrian agrupados el viaje de vuelta. En uno de esos viajes, la flota de Indias no se encontró con piratas, sino con toda una guerra entre España y Francia, contra Austria, Gran Bretaña y Holanda. Es conocida en la historia como la Guerra de Sucesión al trono español. El destino de la flota hispano-francesa era Cádiz, único puerto autorizado por la Corona para comercializar con América. Por esta razón, una flota anglo-holandesa dirigida por el almirante George Rooke inició un bloque sobre este puerto. Manuel de Velasco, el responsable del convoy que había partido de La Habana el 24 de julio de 1702, tenía sus propias ideas sobre la alternativa que debía considerar al bloqueo de la Tacita de Plata, pero no coincidía con las intenciones del francés responsable de protegerle. Como punto intermedio, coincidieron en elegir la ría de Vigo como una alternativa válida a Cádiz. Burocracia española El 23 de septiembre llega a Vigo la flota de la plata, pero la burocracia española impide que se pueda desembarcar rápidamente el preciado cargamento. Los comerciantes gaditanos ponen todo tipo de impedimentos a la operación, alegando que sólo se pueden desembarcar mercancías indianas en su tierra. Mientras tanto, el almirante Chateau-Renault fondeó la flota en la ensenada de San Simón, al abrigo de una cadena que cerraba el estrecho de Rande. Mientras estas torpezas entretienen a los españoles, el almirante inglés conoce el paradero de la flota enemiga y se lanza contra ella con rapidez, con la intención de compensar la falta de resultados de su bloque sobre Cádiz. El 22 de octubre entra la flota anglo-holandesa en la ría y pasa la noche fondeada entre la punta Borneira y Teis. Son cincuenta navío de guerra, más buques de transporte, frente a dieciséis embarcaciones artilladas y los galeones de transporte. El día 23 se consumó la masacre. Un doble desembarco, en Teis y Domaio, de los infantes holandeses anuló las fortificaciones que defendían Rande desde tierra. Desde el mar, el ataque es frontal contra la estacada de Rande. Una vez rota la cadena, la matanza se consuma. Dos mil marineros españoles y franceses son víctimas de las astillas, las balas, el fuego y de su ignoracia para la natación. Varios barcos son capturados, a pesar de que sus capitanes les prenden fuego para que el inglés no pueda hacerse con ellos. Las últimas investigaciones apuntan a que la mayor parte del tesoro fue salvado. Se desembarcó y fue traslado a Castilla mediante cientos de carretas de bueyos. Por su parte, los atacantes tuvieron que contar ochocientos muertos entre sus filas y un navío hundido, poca cosa para el enorme destrozo que ocasionaron.