Al margen de puntos cardinales

La Voz

VIGO

La Mirilla

11 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue el chute que ofrecieron a chorro el viernes (bueno, ya sábado) en Manteca Jazz. A juzgar por la respuesta del público, eso de que soleás, tarantos o malagueñas sólo venden en el Sur es pura literatura. Baste decir que la juerga flamenca empezó poco después de la medianoche y, como en la canción, les dieron las claritas del día. Ciertamente, la ocasión lo merecía. Y es que uno de los habituales de la sala, el guitarrista Cuchus Pimentel, cumplía años. Resultó la disculpa perfecta para que un nutrido grupo de colegas decidieran regalarle lo que saben que le gusta, buena música en directo, incluído (en un caso así no se salva nadie) el feliz cumpleaños. Uno de los que no quiso perderse la fiesta fue Xesús Alonso Montero, padre de Cuchus. Fue, por cierto, uno de los pocos que se retiró a una hora prudente. La sorpresa la dio Corina Porro que, hasta ayer, nadie sabía de su querencia por el flamenco. Nunca es tarde. Nada que ver con galaxias lejanas ni con hombrecillos verdes. O eso creo. Es el nombre de un club de fans bien atípico, el de Silvio Rodríguez. El trovador cubano cerrará su gira española el próximo día 15 en Vigo. Seguro que asistirá al concierto algún miembro de la particular religión que conforma la Tropa. Lo que está claro es que no se trata de un club de fans al uso. Eso sí, está abierto a cuantas personas quieran descubrir una «casa de azules y unicornios», surgida en torno a la figura de Silvio, al que califican de «aprendiz de brujo». La Tropa cósmica nació hace siete años. Sus integrantes, repartidos por todo el mundo, se relacionan a través de Internet. El chat es su herramienta favorita, aunque una vez al año organizan una reunión para verse las caras. La base de operaciones es Cuba, pero piensan citarse en toda América Latina y, una vez cada seis años, en un país europeo. El primero, en 2002, fue España. Isabel Peña, una entre mil troperas, ha acuñado una definición tan singular como el grupo: «somos la docena más grande del mundo». Pues sí que cuentan raro estos chicos.