OPINIÓN | O |
08 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.MEDIADO su mandato, Manuel Pérez cometió un grave error. La jornada que tenía programado un viaje Sárdoma amaneció anegada por las aguas. Tras pensárselo, Pérez optó por mantener su agenda. De inmediato, su amigo y correligionario José Cuíña se acercó a la parroquia viguesa a consolar a los damnificados. Viene este recuerdo a cuenta de la ausencia de representantes municipales, significadamente la alcaldesa, en los actos que han tenido lugar en Candeán tras el asesinato de una vecina. Nadie acudió al entierro, en la tarde del pasado sábado y algo parecido la noche del pasado martes en la manifestación de repulsa a la que acudieron casi dos mil personas. Muchos se preguntaban en voz nada baja «¿dónde estará la rubia ?», en una alusión más que evidente. Puede que Corina Porro tuviera problemas de agenda, pero lo que no ofrece disculpa es la ausencia de la concejala de la Mujer, a la sazón Lucía Molares. Nada de lo que Molares hiciera esa tarde era más importante que confortar a unos convecinos atemorizados por un crimen sin resolver.