El plan del PSOE

| ANÍBAL BARBÓN |

VIGO

EL PERISCOPIO

28 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

A estas alturas está más que claro que del resultado de las elecciones generales se obtendrán más conclusiones que la simple formación del nuevo gobierno central. De lo que digan las urnas dependerá así el equilibrio de poderes en PPdeG, PSdeG y BNG. Al resultado final también estará unido el futuro de algunos políticos locales, y por qué no, también la continuidad del ejecutivo local o su relevo. Los socialistas han comenzado a entrenar y más o menos tienen claro ya la primera fecha en la que intentarán el asalto al bastón municipal. Como en los combates de boxeo, se ha fijado una primera fecha en lápiz para comprobar si es buena para los interesados. El mes señalado de octubre para que nacionalistas y socialistas vigueses firmasen la pipa de la paz en forma de moción de censura a la alcaldesa Corina Porro y su equipo. La cuestión no pasa por ahora de la mera planificación de trabajo, porque el 14-M puede influir demasiado, tanto para que se acelere la moción, como para que se retrase o se olvide. Pero lo cierto es que de octubre ya se ha hablado. Los que conocen a María Xosé Porteiro de cerca aseguran que ella es la más remisa a aceptar una alcaldía arrebatada. Ella estaría dispuesta a pelearla en las urnas pero con censuras no le apetece tanto. Sin embargo en su partido ya le han dicho que se tome las generales como una catapulta hacia el Concello, en un me voy para volver con más fuerza. Para ello obtendrá además alguna responsabilidad especial en el Congreso o en el partido, para ir haciendo camino. Para la censura hacen falta dos y en el Bloque las cosas no están claras. Mientras Castrillo despacha telefónicamente de manera habitual con Corina Porro para tratar asuntos municipales e infundir tranquilidad a la alcaldesa sobre su continuidad y la estabilidad de la alianza de hecho creada entre BNG y PP, el sector en auge entre el nacionalismo vigués trata de coger las riendas del grupo municipal, pero la amistad con los viejos jefes y las dudas sobre cuál es el momento más preciso para dar el hachazo hace que lo de la censura quede para ellos muy, muy lejos.