Para que todo quede igual

VIGO

Análisis | Comienza la campaña de las elecciones generales La pérdida de un escaño por el corto avance de la población de la provincia puede ser la única novedad de unos comicios en las que se prevé la repetición de resultados del 2000

26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

El exceso de política que ha regido en Vigo desde las últimas elecciones municipales convierte a la campaña que hoy comienza en una de las más extrañas de los últimos tiempos. La reciente crisis municipal y el cambio en la alcaldía, así como las alianzas que se han sucedido en el Ayuntamiento Vigo presenta un panorama político alterado y sobre todo inmerso en pleno proceso de relevo en las tres principales formaciones políticas. Además, o quizás precisamente por la coyuntura política local, los candidatos han tomado distancia en la precampaña y han dejado a Vigo en un segundo plano en cuanto a sus propuestas y discusiones. Pero para restar incluso un poco más de aliciente a un proceso en teoría incierto hasta el momento del recuento de votos, los principales protagonistas vaticinan un resultado semejante al de los comicios generales del 2000. A falta de sorpresas, por lo menos a priori, ya que en quince días también puede surgir cualquier acontecimiento o declaración que introduzca algún movimiento de tendencias, el mayor cambio respecto a la legislatura terminada vendrá dado por el escaso avance de la población de la provincia, que creció menos que la de otras demarcaciones y pierde por ello un diputado en Madrid, como en los anteriores procesos generales le sucedió primero a Lugo y después a Ourense. Pontevedra se queda así con siete escaños en el Congreso en el que llegó a tener nueve representantes al principio del nuevo período democrático, recordando que al margen de quién gane, en todo este tiempo se constata el fracaso de las políticas demográficas. Adiós a un escaño La pérdida del octavo escaño se atribuye de entrada al PP, formación que en el anterior reparto accedió a la última acta. Con ello los conservadores obtendrían cuatro plazas, dos el PSOE y una el BNG, aunque la distribución sólo exista en el terreno de la cábala y de la confesión interna de los propios implicados. De producirse así el reparto, Ana Pastor, Carlos Mantilla, Dolores Pan y José Manuel Chapela, por el PP; Antón Louro y María Xosé Porteiro, por el PSOE, y Olaia Fernández por el BNG, serían los nuevos diputados. Pero eso sólo son las cuentas del día uno de campaña. Algo más incierta se presenta la batalla del Senado. Fijos serán como siempre en la tradición política de la provincia, salvo sorpresa mayúscula, los tres senadores del PP (José Manuel Cores, César Mera y Víctor Manuel Vázquez Portomeñe). A partir de ahí, la gran incógnita de las elecciones del 2004. ¿Enrique Curiel o Carlos Príncipe para la cuarta plaza? o ¿Santiago Domínguez colocará al BNG por primera vez en la Cámara Alta?, después de que los nacionalistas superasen al PSOE en Vigo en las papeletas color sepia hace cuatro años. De momento la campaña es saludada por Príncipe con un vino con sus correligionarios, a los que pronto invitará a una cena multitudinaria para animarles a pedir el voto para el ex alcalde puerta a puerta, como él mismo ya hizo ayer al señalar que su «suerte lo decidirán los hombres y mujeres, votando en libertad y sabiendo que solo saldrá un senador socialista por esta provincia. Príncipe, en una misiva exenta de simbología socialista, recalca que se presenta «sin hipotecas con nada ni nadie», recordando así al electorado que la gran guerra en Pontevedra será esta vez la del Senado.