Un mundo de encrucijadas

VIGO

KIKO DA SILVA

Análisis | Los escenarios después del «día D» El BNG es la formación que tiene menos salidas favorables en la presente crisis, vote lo que vote en el pleno de hoy sobre la confianza a Pérez Mariño

28 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El resultado del pleno de hoy, el primero en la historia de Vigo en el que se votará una cuestión de confianza, abrirá una encrucijada de caminos a cada uno de los partidos inmersos en la crisis abierta hace mes y medio. Cada uno tiene por delante sus particulares obstáculos que condicionarán su futuro aunque es el BNG, en quien radica la decisión última sobre el futuro de la corporación, quien tiene menos vías de salida óptimas para sus intereses particulares. Los nacionalistas se enfrentan a volver a respaldar por segunda vez a Ventura Pérez Mariño como alcalde de Vigo, en esta ocasión de manera indirecta, o permitir con un voto contrario al regidor que sea el PP quien asuma la dirección del Ayuntamiento. El respaldo a los socialistas tras mes y medio de acusaciones, ataques y rechazo de hasta tres ofertas para iniciar el diálogo dejaría a los nacionalistas en una situación incómoda, al tener que explicar el cambio de actitud en un escenario idéntico al del momento de la ruptura y pasar por alto la única condición que habían puesto para reeditar la coalición, la dimisión de Pérez Mariño. La marcha atrás tendría además un coste interno para los estrategas del grupo, Castrillo y Toba, quienes incluso marcaron ultimátums y condiciones irrenunciables para volver a coincidir en un gobierno con el PSOE. Una posible cruz Por el contrario, una postura negativa respecto a la cuestión de confianza planteada haría que los nacionalistas tengan que convivir en este mandato con la cruz de haber propiciado el acceso a la alcaldía del PP, hasta ahora su máximo rival político en Vigo y en el resto de Galicia, donde la formación frentista pretende articular junto al PSOE una alternativa a los populares para las elecciones autonómicas del 2005. Cada vez que el Bloque votase en contra de las iniciativas de un PP en el gobierno le sería recordado que con su decisión de no dialogar ni negociar una salida propiciaron la segunda vuelta al poder de los populares en Vigo. El papel del nuevo líder de la formación nacionalista en Galicia, Anxo Quintana, también sería puesto en entredicho desde sus compañeros de Vigo al cumplirse sin consecuencias prácticas la demanda llevada por la dirección del Bloque en las conversaciones de Santiago sobre la presentación de una cuestión de confianza para permitir edificar una salida al conflicto. El futuro de los socialistas vigueses está claramente en manos del BNG. En el caso de la continuidad en el gobierno estarán obligados a mantener los puentes necesarios para no llegar a una segunda ruptura que mermaría drásticamente su crédito. Tendrían que saber dirigir un gobierno donde la autonomía de cada concejalía cambiaría el proyecto más presidencialista perseguido por Pérez Mariño por otro donde los nacionalistas tratarían de dirigir departamentos estancos para caracterizar y distinguir su acción y logros de gobierno. En la oposición, los socialistas se verían obligados a ejercer el constructivismo que reclamaron del PP para poner en marcha los proyectos y solucionar las grandes carencias de la ciudad, pero guardando un difícil equilibrio para no convertirse en salvavidas de un gobierno antagonista en minoría ni en clon de sus ex-socios en la oposición. El primer problema en todo caso para los socialistas vigueses sería su propia casa, donde la falta de una dirección estable podría estallar al faltar un factor aglutinador en el Ayuntamiento como hasta ahora lo ha sido el tener la alcaldía. Los populares dependen igualmente del sentido que le dé a la votación de hoy el BNG. La recuperación del pacto de gobierno les situaría en el mismo lugar en el que están, aunque lógicamente tratarían de explotar al máximo todas las contradicciones posibles en las que incurrieran PSOE y BNG para intentar volver a situar a las dos formaciones en el filo de la navaja. El PP vigués reitera su prudencia ante la posibilidad de asumir la alcaldía pues saben que de verse con el bastón de mando en la mano sentiría en su piel la debilidad de la minoría castigada además por dos formaciones en lo alto del poder municipal desde hace más de cuatro años. El cumplimiento de todas sus promesas y de la plasmación de las exigencias que le han hecho a Pérez Mariño les situaría también en posiciones difíciles. En definitiva, las tres formaciones mayoritarias y la liderada por Manoel Soto se verán a partir de hoy ante una nueva encrucijada que puede dejar dentro de tres años el panorama de una generación de concejales totalmente quemados por una de las mayores crisis del municipalismo vigués.