«Recuerdo que llovía en Vilaboa», dijo en su momento a este periodista el ex presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo -antaño ministro de Obras Públicas y delfín de Adolfo Suárez, a la sazón presidente del Gobierno con UCD- en el momento de rememorar cuando bajó del coche oficial a charlar con los vecinos de O Morrazo, que se negaban a dejar que los vehículos atravesasen sus tierras a 120 por hora, a unos 40 metros de altura a través de varios viaductos. Los abogados que los representaron fueron, en realidad, quieren sacaron tajada de aquello, porque estaba próximo el momento en que Leopoldo Calvo Sotelo sería elegido presidente del Gobierno, y el político de Ribadeo no quería empañar su futuro por una protesta vecinal. Pese a resolver el asunto de Vilaboa, tuvo que pasar por el purgatorio del 23-F de 1981, ocurrido, curiosamente, tan solo dos semanas después de ponerse el servicio el puente.