Análisis | La difícil senda de un gobierno en coalición Pérez Mariño se juega a cara o cruz su «liderazgo» al frente del Ayuntamiento
14 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La jugada es más seria de lo que parece. Si alguien duda de que peligra la coalición de gobierno en esta mano de póquer es que no conoce a Pérez Mariño. Con el beneplácito del PSOE o sin él, el recambio de Carlos Príncipe ha optado por demostrar su liderazgo desde el primer día. Convencido de que uno de los principales obstáculos en el Concello ha sido la «debilidad» de sus alcaldes, el cabeza de lista de los socialistas no quiere repetir el Calvario de Castrillo durante el pasado mandato. Lo malo es que el Bloque en general, y Pérez Castrillo en particular, no han olvidado las encerronas del PSOE. Y las urnas les han servido la venganza en bandeja. A Pérez Mariño le importa menos que al PSOE perder la alcaldía. Pero uno y otros coinciden en la necesidad de liderar el Ayuntamiento. Por eso la cúpula del partido le ha brindado pleno respaldo al alcalde para lanzar su órdago a la pinza BNG-PP. Se ha repetido hasta la saciedad que el de Mariño será un gobierno de gestos. Y así es. El regidor aprovechó su primera polémica con un poder fáctico de la ciudad, el Celta, para demostrar quién manda. Antes ya lo había hecho con el Bloque y el PP, cuando ambos grupos abortaron un acuerdo para rebajar los sueldos. Terminada la reunión, uno a uno, los socialistas renunciaron a parte de la nómina para «cumplir» su palabra por encima de aquella pinza política. Ahora es distinto. El concepto del urbanismo es sagrado para los nacionalistas y el plan general es su legado. Los retoques anunciados por los socialistas abrieron la caja de los truenos en el BNG. que tiene a su favor las matemáticas. La complicidad del PP vuelve a poner a Mariño contra las cuerdas. Al PSOE le faltan votos para nombrar a «su» gerente. Después el PP tendrá que explicar su apoyo a Javier Rivas, el gerente que construyó Castrillo y que la derecha se hartó de criticar en los plenos. Pero eso se verá más adelante. Por ahora, la partida de póquer ha llegado a su clímax: la mano del tándem frentista-popular está sobre la mesa, y parecía ganadora hasta que el alcalde decidió jugarse el pacto y subir la apuesta hasta las nubes. Ahora toca esperar y ver quién aguanta el farol... o quién esconde un as bajo la manga. Por si las moscas, el PP ya ha repartido un teórico gobierno en minoría para actuar en cuanto sea necesario.