La concejala de Deportes, la socialista María Xosé Porteiro, se esforzó ayer en rebajar la tensión generada por la negativa municipal a financiar las obras de Balaídos necesarias para que la Liga de Campeones pudiera celebrarse en Vigo. Pese a ello Porteiro dejó claro que el alcalde y ella misma estaban convencidos de que los partidos de la Champions se iban a jugar en Vigo, con lo que implícitamente reconocía que el presidente del club realizó una maniobra de presión que el PSOE resistió sin ceder. Por el contrario, dos diputados provinciales del PSOE convocaron una rueda de prensa en Pontevedra para criticar la «injerencia» de la Diputación en este conflicto. Efrén Juanes y Belén Sío afirmaron que el presidente de este organismo, Rafael Louzán intentaba «generar crispación y enfrentar a la afición con el Concello». Entienden que el pago de las obras «responde a un criterio de favoritismo y no objetivo ya que muchos dirigentes del club están vinculados al PP». En otra óptica, la titular de Deportes insistió en quitar hierro a lo que consideró un «mero desacuerdo». En el mismo lote incluyó la postura de los nacionalistas, socios en el gobierno, favorables a pagar las obras como pedía el Celta. Auditoría inminente Esta medida reacción del PSOE vigués no encajaba para nada con la cara de satisfación que exhibía María Xosé Porteiro, muy diferente de su tensa apariencia en los días anteriores. La concejala expresó su deseo de disponer cuanto antes de la auditoría para conocer el estado de Balaídos, documento que influirá en las decisiones sobre su conservación y que se conocerá en dos semanas. El Celta, por su parte, empezó ayer a vaciar la antigua sala de prensa, que será renovada para que pueda acoger a más de cien periodistas. Se trata del inicio de las obras de adaptación reclamadas por la UEFA.