«Casandra» vende dulces en la Playa de Samil

M. Soliña Barreiro Glez. VIGO

VIGO

Entrevista | Carmen Siso De actriz de telenovela a cocinera ambulante, Carmen Siso asegura que ningún trabajo es deshonra para ella

20 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El calor es asfixiante en la Playa de Samil pero en el puesto de gorras y sombreros de Alberto Bragamonte todavía corre un poco de brisa que escapa del sol. Este inmigrante venezolano de 58 años y de conversación tranquila me ha presentado a Carmen Siso, actriz de culebrones que ahora vende dulces y bocadillos en la playa. Una pamela de ala ancha con un flor rosa, unas gafas de sol y una bolsa llena de fiambreras repletas de comida son sus herramientas de trabajo. Antes de que reanude la labor, charlamos un rato. «Yo trabajé doce años en la televisión venezolana, en el canal dos y en el canal cuatro. Con Coraima Torres y Osvaldo Ríos hice la telenovea Casandra, también actué en otras, en total estuve 12 años en la televisión. Yo había estudiado enfermería y también viví así algún tiempo, cuidando a personas enfermas; pero los estudios ahora no importan, vendo comida y para mi el trabajo, sea cual sea, no es deshonra ninguna. Lo importante es ser decidido, yo, aunque sea vendiendo piedras pintadas en la playa, trabajo». «No es descortesía, tengo 48 años y llegué a España hace tres, vine cuidando como enfermera a dos personas que decicieron quedarse en Valencia y me invitaron a quedarme. Yo decidí aventurarme por acá. Primero pasé en Barcelona una temporada y allí grabé algunos anuncios publicitarios y después ya me vine para Vigo porque aquí tengo amistades» «Soy de Caracas y no sé como estarán ahorita las cosas por allí ; la verdad es que la situación se está poniendo mala en todos lados, aunque, aquí, mientas uno trabaje, puede sobrevivir. Yo no tengo ninguna clase de problemas; aunque no tengo papeles estoy luchando por el momento para ver si los puedo sacar. En cuanto los tenga volveré a mi país para ver a mi familia porque están todos allá y los hecho mucho de menos. Luego regresaré aquí y entonces me gustaría cuidar enfermos o, si toca algo, trabajar en la televisión. Este país me gusta porque tiene mucho movimiento de trabajo». Pese a su situación irregular asegura que no tiene problemas, la desilusión no se pasa ni un momento por sus ojos ni por los de su amigo Alberto Bragamonte que al filo de los 60 asegura que se irá a Alicante y pondrá una bisutería que, andando el tiempo, le permitirá publicar una revista de la que ya tiene pensado el nombre, porque él era periodista en Venezuela. Coqueta, Carmen Siso le pide prestado un gorro para la foto porque su pamela de ala ancha está ya gastada. Él, contento, me repite, dedíquele a ella la entrevista, a ver si así alguien la ve, la reconoce y la contrata para trabajar de nuevo en la televisión. La resistencia de ambos se nutre de una esperanza férrea en que todo mejorará, actitud indispensable para no caer y mantenerse en el filo de la integración, para poder continuar.