Crónica | Goran Brégovic en Vigo El compositor serbio ofreció un gran espectáculo festivo y exótico en el que el protagonismo se lo llevó su director de orquesta, Ognjan Radivojevic
14 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La noche templada, el público frío y un Goran Bregovic disperso al principio de su concierto en Castrelos por motivos técnicos, podrían hacer presagiar una desastrosa actuación, la única en España durante esta gira, y la primera en Galicia, del músico serbio. Pero ocurrió todo lo contrario. El concierto comenzó tibio y relajado, pero acabó con la música ardiente y los espectadores incapaces de mantener el culo pegado a las sillas. Goran Bregovic no era, aparentemente, un artista tan conocido como para llenar la zona de pago del parque de Castrelos (la gratuita siempre tiene garantizado su aforo completo). Sin embargo, se llenó. Y no se explica, porque no aparece en ninguna lista de ninguna radio fórmula, ni en programas de televisión, ni ganó concurso alguno para ser artista. Al contrario, su faceta más popular es la de hacer bandas sonoras para películas (casi todas, del director yugoslavo Emir Kusturica, que por ahora no ha filmado la vida de ningún superhéroe). Hay esperanza. Bregovic monta un show que se convierte en una apisonadora de ritmos. Intercala melodías suaves con las voces femeninas de la coral búlgara y en el caso vigués, la Orquestra de Cordas Ensemble Nordesía, se pone grandioso añadiendo a los cantantes del coro de Belgrado, abre el telón de la fiesta con el septeto de metales Banda de Bodas y Funerales, y consigue que el folclore bálcanico se transforme en unas sonoridades tan contemporáneas que dejan al ska a la altura del bolero. Bregovic se agarró a su guitarra durante todo el recital y aunque él es el padre de las composiciones, su concierto no sería ni la mitad de espectacular si no fuera por Ognjan Radivojevic, ese pedazo de director de orquesta con aspecto de mamporrero de pega de uno de esos campeonatos de Lucha Libre Americana que, lejos de eso, es un músico exquisito y sensible que lleva el peso del recital dirigiendo, cantando, tocando el acordeón y llevando el mando de las percusiones más salvajes. Bregovic cocina la mezcla y hace que sepa bien una pieza con gusto clasico al lado de otra que parece de verbena de pueblo e incluso de actuación de barrio del gitano con la cabra. El músico serbio y sus acompañantes fueron generosos ofreciendo más de dos horas y media de fiesta exótica que el público supo agradecer. Y uno de los que más disfrutó fue el ex futbolista céltico Gudelj, que al fin y al cabo, era uno de los pocos que podía tararear y sentir cada canción con propiedad.