Las playas más caldeadas

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ÓSCAR VÁZQUEZ

Reportaje | La ría de Vigo bate récords de temperatura El agua rondó los 23 grados en la zona de Canido, algo que no se conocía desde hace años en el mes de junio. Las mínimas se registraron en los arenales de Teis

03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

No son las temperaturas de Salou, pero se han aproximado más que nunca. Las aguas de las playas de Vigo han llegado a alcanzar los 23 grados en lo que va de verano. A finales de junio se batió el récord de los últimos años por esas mismas fechas. La de Canido, con cerca de 23 grados, fue el agua más caldeada, seguida de la limítrofe de Fuchiños, con 21,3. Los grandes arenales de Vigo, Samil y O Vao, alcanzaron en sus aguas 21 grados, igual que As Barcas y Foz. Uno menos se registró en O Adro, O Carril, Santa Baia y Tombo do gato. La ría ofreció su rostro más frío en A Mourisca y Fontes, con 19,5 grados, pero sobre todo, en la zona de Teis, en concreto en las playas do Mende y A Punta, donde no se superaron los 19, cuatro menos que en las más calientes Si bien, la playa de Canido suele ser la más caldeada de Vigo, lo habitual en esa época es llegar a los 18 grados de temperatura, cinco menos de los detectados el mes pasado. En lo que se refiere a la calidad de las aguas, los últimos análisis efectuados por los técnicos del laboratorio municipal otorgan la calificación de aptas para el baño a todas las playas viguesas, a excepción de Fontes y Mende, que consiguen sólo el calificativo de aceptable, aunque permiten también el baño. El último de los arenales consiguió superar los malos resultados, que no recomendaban el baño días atrás y que obligaron a desalojar a los bañistas de forma inmediata. Los últimos análisis así lo demuestran con la calificación de aceptable, desmarcando el estado de las aguas de la proximidad a la depuradora. El laboratorio municipal, dependiente de la concejalía de Sanidade, se encarga del control de las aguas cada quince días. En la actualidad los técnicos estudian efectuar los análisis una vez a la semana, al menos durante la época estival. El objetivo es disponer de datos de forma casi permanente para garantizar la salud de los bañistas y, en caso de contaminación, poder reaccionar cuanto antes.