¡Qué ironía! Justo con el mayor grado de protección posible, las islas Cíes han sufrido el impacto más fuerte de su historia. Primero, el chapapote se cebó con la arena, las rocas y los fondos marinos del nuevo parque nacional; después, el desembarco por la situación de emergencia ha provocado graves daños colaterales.
03 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El tránsito diario de más de 400 personas ha conllevado desde la tala de árboles hasta el esparcimiento de basura por todo el archipiélago, pasando por la circulación de vehículos entre las dunas o la rotura de un pedazo de muelle. En plena lucha contra el fuel ha habido mucho descontrol. El Concello de Vigo y Parques Nacionales se han visto desbordados algunos días por la aparición de voluntarios en sus propias embarcaciones. Algunas personas campan a sus anchas por todo un parque nacional. Las botas llenas de chapapote andan de paseo por las islas y, en las playas, se hunden las galletas en la arena a base de pisadas improcedentes. Los hay que ni pasan por el punto de limpieza al terminar la jornada. Los concejales Amador Fernández, Henrique Viéitez y Uxío González trataron de poner freno a la situación en la medida de sus posibilidades.
Desorganización Tampoco han andado muy finos los grupos organizados. Los técnicos de Parques Nacionales fueron los primeros en apercibir a Protección Civil por la invasión de las dunas y en tener que poner ruedas de protección en el muelle de Rodas después de que el catamarán de Cangas rompiese un cacho debido al oleaje. Los militares, de acuerdo con el director del parque, Emilio Rodríguez, se cargaron varias decenas de eucaliptos para crear pistas de acceso a Cantareira. Y eso que ya había cuatrocientos troncos en el suelo que nadie retiraba desde hacía algunos años porque el precio de la madera no compensaba su traslado. Lo malo es que alguien invadió también plantaciones de carballos, pinos y otras especies nobles en la isla de Monte Agudo, obligando a los técnicos de Foresga a precintar parcelas para que la cosa no fuese a peor. El Ayuntamiento vigués es el encargado de sacar la basura de Cíes durante todo el año. A los pocos días del impacto de los vertidos del Prestige , los contenedores que había en las islas rebosaban. Y algunos excursionistas tampoco han reparado en la ausencia de papeleras. Esa desorganización, achacable a las prisas por limpiar, ha provocado fuertes daños. No ha sido raro ver contenedores y sacos esparciendo por tierra todo lo que se había sacado en la orilla del mar. Algunos de esos contenedores son los que aparecieron estos días de Canido y Bouzas.
Ecosistema Esas prisas también han provocado, a buen seguro, el derroche (por no decir despilfarro) de trajes de agua y fundas que quizá hubiesen hecho más falta en otras partes de Galicia más transitadas. «Aquí malgástase moita roupa que paga Juan Pueblo e que se podía recuperar sen problemas», dice Javier Lago, uno de los voluntarios asiduos, vecino de Coruxo. Un ecosistema tan sensible como el de Cíes «requiere una especial prudencia» a la hora de manejarse por él. Lo dice el director del parque, Emilio Rodríguez, que de acuerdo con los científicos de la Universidad ha querido salvaguardar algunas calas desde el principio para que, con el paso del tiempo, se mantengan en las islas las mismas comunidades que las habitaron hasta la fecha. El fuel puede contaminar de muchas formas. «Hasta hemos recogido troncos en la ría», señala Julio Alonso, vicepatrón de la cofradía de Vigo.