La regeneración empieza por las islas

Diego Pérez Fernández
Diego Pérez VIGO / LA VOZ

VIGO

Buzos de toda España se ofrecen para limpiar fondos marinos en el archipiélago, que bien podría reconvertir el homenaje a Franco en uno (mejor) a los voluntarios

21 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Galicia llora por la marea negra. El fuel se ceba todavía con la Costa da Morte pero se aleja de las Cíes, que pueden empezar a soñar con ser otra vez la costa la de vida. «Confío en trabajar desde ya mismo en la regeneración», nos explica el director del parque nacional, Emilio Rodríguez, al atardecer, en el barco de regreso a tierra. Diecisiete días desde que el chapapote manchó el corazón de la ría de Vigo. Diecisiete días para el dolor, pero también para la esperanza. Hoy han limpiado otros trescientos voluntarios. Lección de solidaridad. Miles de personas se han volcado con el espacio de mayor valor ecológico de nuestra comunidad. Todos ellos han trabajado a los pies de un monolito cuya placa reza así: «Homenaje a Francisco Franco en el 25 aniversario de su glorioso mandato. 1961. Provincia de Pontevedra». Cualquier espíritu abierto y sensible debería reconvertir el pacolito en un homenaje a todos cuantos han limpiado desde mar, tierra y aire (la Armada se llevó fuel de la isla Sur en helicóptero).

Ciclo La sensación es que hoy se cierra un ciclo. Primero, porque en la playa de Cantareira ya se ve la arena. Segundo, porque varios cientos de buzos (desde los de la Universidad de Valencia hasta los de la Generalitat de Cataluña, pasando por los bomberos de Yecla) se han ofrecido para limpiar los fondos marinos de las islas. Y tercero, porque Súa también vuelve a casa a descansar unos días. Súa es guarda forestal. Ha trabajado como pocos en las últimas semanas. Hasta «tenía pesadillas». Acostumbrada a la tranquilidad de unas islas casi deshabitadas, de repente las vio invadidas por la peste viscosa, por tractores, por helicópteros, por políticos, por soldados, por la auténtica legión de voluntarios...

Cinco años La situación de las Cíes, dentro de la tragedia, mueve al optimismo. Científicos como el director del Instituto Oceanográfico, Alberto González Garcés, creen que la regeneración podría durar «unos cinco años». «Yo no me aventuro a dar plazos, porque sabemos que hay zonas relativamente limpias y otras muy castigadas», dice Emilio, el director del parque.

Lo peor, decíamos ayer, es lo que no se ve. Sí lo han visto los ojos de Paulino Cameselle. Es submarinista. El 8 de noviembre, seis días antes del delito del Prestige , abrió el centro Cíes-Sub en Vigo. Hoy se sumergió con su gente frente a Rodas, rascó un poco la arena y empezó a sacar bolsas de fuel con las manos. ¡Había nécoras y bruños muertos! Parques Nacionales se ha confiado a los mariscadores de O Morrazo, que van a probar chuponas para sacar la mierda de entre las rocas. Y siguen los ingenios. Funcionarios vigueses montaron una gran peneira mecánica. Dio para sacar unos cuantos capazos de bolitas pequeñas en Figueiras.

Ha sido un día gris, de sucios nubarrones. Las gaviotas andan escapadas aunque ya se sabe que «nunca choveu que non escampara». Otra vez el temporal obligó a evacuar las islas antes de tiempo. En esta ocasión, a las cuatro de la tarde. La barcaza que recogió a los infantes de Marina volvió a embarrancar, ante las risas de los presentes. Y unos jóvenes de Valencia que se vuelven a sus casas en fechas tan señaladas cantaban: «¡Estas Navidades, turrón de chapapote!» Menuda guasa.

El mal tiempo obliga a los de Cangas y a los de Vigo a compartir el catamarán. Al atracar primero en el muelle morracense un marinero comenta que han llegado manchas a los arenales de Rodeira y Tirán. «¡Ohhhh!», exclama alguien. Pero hay que estar contentos. Esas pingas que se han colado en la ría son gotas que sangraron las Cíes. Por hacer de parapeto. Gracias a ellas, el maldito combustible no llegó a la puerta de casa. Si antes tenían un valor, imagínense a partir de ahora. Eolo sopla de sur. Dijo otro dios, Stendhal, que «la belleza es una promesa de felicidad». Por eso sabemos que esas islas maravillosas que marcan el inicio del Atlántico volverán a ser la segunda catedral de Galicia para el turismo. Siempre que no explote el barco-bomba de relojería hundido un poco más allá. Nunca más.