El chapapote entra en Rodas

Diego Pérez Fernández
Diego Pérez VIGO / LA VOZ

VIGO

Los militares sacaron el fuel después de tres días embarracando y se cebaron con los eucaliptos para improvisar una pista de acceso a la parte más castigada de las islas

11 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Amanece en las islas. El día es triste. No sólo porque llovizna. Enseguida descubrimos que el fuel ha entrado en Rodas. La playa más famosa de las Cíes está cubierta de galletas . El maldito chapapote ha burlado las barreras de protección.

Resignación. No han venido más manchas de fuera. Todo el mundo sospecha que las que pululan por la costa son las que se desprenden de las islas y se ponen a jugar. Impredecibles, caprichosas.

Hoy será una intensa jornada de trabajo. No llega con contarlo: hay que vivirlo. En la zona de cámping facilitan ropa de aguas, botas y mascarilla. Las botas están tan sucias que no se les ve el número. Al ponerlas, ya sabes lo que es pisar charcos con calcetines. Unos pocos voluntarios se van para Rodas; los demás partimos para la playa de Los Alemanes. En el barco del Concello de Vigo han llegado 170 personas.

Heridos Ya en la arena, muchos optan por coger las manchas con las manos. Al fondo de la playa, la cosa está más negra y se puede trabajar a paladas. Los helicópteros empiezan a sobrevolar la zona y llegan noticias del muelle de Carracido, en la isla Faro: un joven moañés ha recibido un golpe en la cabeza, le atienden un médico de la Armada en el Galicia y un helicóptero lo traslada a Povisa. (A final de la jornada, en la unidad móvil que ha instalado el 061 nos dirán que sólo han atendido a tres personas por simples resfriados).

Tras una conversación con Alfredo, que ha llegado desde Benidorn después de once horas conduciendo (¿quién dijo juventud igual a botellón ?), seguimos rumbo a la cala de Cantareira. Aquí siguen entrando olas negras. Y más olas negras. Siguen los marineros su lucha en el mar. Y en las rocas descubrimos a un grupo para quitarse el sombrero: la escuela-taller de recuperación de ecosistemas de Navalcarnero. Suben y suben capachos llenos de fuel y rascan las piedras.

Son muchachos que vienen con el organismo Parques Nacionales. Tras media hora compartiendo un trabajo que deja exhausto a cualquiera, Carlos Ruíz se brinda a explicar la situación. Es director adjunto del parque Tablas de Daimiel. Coordina a 84 voluntarios, 80 infantes de Marina, 70 de la Escuela Naval de Marín y 35 de Navalcarnero. Hoy quitarán noventa toneladas de la zona más castigada de Cíes. Es muchísimo, por más que en los despachos se empeñen en inflar cifras.

Comida reparadora con bocadillo, manzana y refresco. Por el suelo hay contenedores y contenedores rebosantes de chapapote del Prestige . Y sacos y sacos. ¿Por qué tantos? Nadie mejor para responder que un mando militar. «No podemos sacarlo porque hay mareas muy vivas y la lancha de desembarco se nos embarrancó dos días seguidos», dice. ¿Por qué han tardado tanto en venir? «Es una decisión política, nosotros hacemos lo que nos mandan», contesta. ¿Su nombre y cargo? «Ni hablar, joven», setencia con mirada asesina.

Desembarco Más tarde llega Francisco. Es teniente de navío. De Pontedeume, pero adscrito a la base de Cartagena. Dirige la unidad de buzos que indica por dónde hay fuel sumergido y facilita el desembarco de la Armada en Figueiras. Por fin empiezan a cargar las bolsas y contenedores.

Otros militares se dedican a cortar eucaliptos y a hacer una pista para las furgonetas que les lleve hasta la misma Cantareira. Un ecologista monta el pollo . Le explican que hay permiso del director del parque nacional, que más vale limpiar la zona donde no para de entrar mierda que crear una cadena humana de 250 personas cuyos resultados son los que son.

Los voluntarios del Concello se pasan la tarde limpiando Rodas. También hay marineros en tierra, miembros de la Federación de Vela, chavales del turno de descanso de Citroën que llegaron en el Nova Xouva . Solidaridad. Sí, pero a nadie se le quita el miedo por lo que puede venir.

Anochece. Mañana será otro día. Toca adentrarse en la granítica cara exterior de Cíes.