Esperando al gran chapapote

A. González VIGO

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

Marineros y vecinos de O Morrazo o de Baiona mejoran día a día su organización contra la marea negra, con más medios y recursos, mientras se preparan para «lo peor»

09 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Ocurre en cada puerto, cada costa tocada por el luto del Prestige se organiza para hacerle la digestión a la rabia a base de trabajo y sudor. El esfuerzo merece la pena. El fuel no puede llegar a la costa y, si llega, hay que despegarlo como sea. Es la única consigna para el millar de pescadores y voluntarios que se autoorganizan en Cangas para plantarle cara a la marea negra. Lo hicieron primero sin medios. Ahora lo hacen ya con una intendencia oficial. Pero son ellos, al igual que ocurre en Baiona, los que dirigen un operativo que sólo ellos podrían hacer funcionar. El ejército instalaba ayer su tienda frente a la lonja de Cangas. Vienen a colaborar en las tareas de auxilio a la población y en la limpieza de las islas Cíes. A sólo unos metros, la vieja lonja sirve ahora como el centro de todas las operaciones. Allí se come, se aprovisiona el material y se comentan los miedos entre más lágrimas de risas. Hasta las horas de sueño están contadas. Un marinero se levanta a las cinco de la mañana para diligenciar su embarcación y pelearse con el fuel en cuanto despunte el día. Si el mar se lo permite, llenará su barco con chapapote en sólo cuatro o cinco horas. Los pescadores los únicos capaces de echarle un pulso al océano hasta limpiarlo. Nadie como ellos conoce cada bocana, cada roca y cada gesto del viento. En el puerto, otros grupos se encargan de vaciar la negra carga, de limpiar el barco, las botas y los trajes de faena y de darles de comer. Y vuelta a empezar. Cada día se duerme menos. Siempre la misma lucha. Contra el viento, contra el petróleo, contra el mar. Las viejas naves de Massó sirven ahora como pertrecho para la intendencia. Cualquier esfuerzo es poco. Las Cíes y Oia necesitan de todas las manos, y todas son pocas. Además, tanto en O Morrazo como en Baiona, ejemplos ambos de la buena organización civil, la espera se tensa con cada parte meteorológico. Lo confirmó el Gobierno: «Lo peor está por llegar». Y a cada minuto que pasa la gran mancha está más cerca... Y cada día se duerme menos, y las fuerzas comienzan a fallar.