El puente festivo más dramático

Miguel Á. Rodríguez VIGO

VIGO

La costa de O Morrazo, Vigo, O Val Miñor y O Baixo Miño aguarda la llegada de una nueva mancha de petróleo Más de tres mil personas se ocupan de la limpieza de las playas

07 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El Prestige le aguó el puente de la Constitución a Galicia. El Área Metropolitana de Vigo vive desde el miércoles en situación de máxima alerta. Desde entonces, más de tres mil voluntarios desde Bueu hasta A Guarda han recogido del mar cerca de seis mil toneladas del fuel que sigue goteando a 3.500 metros de profundidad y a 250 kilómetros de la costa. El petrolero hundido sembró de manchas el océano a 150 millas de Galicia. Primero le tocó el turno a las Rías Altas. Ahora son ya mil kilómetros de costa, de punta a punta, los que están afectados por el vertido y la indeseada marea negra. Se han salvado, por el momento, la ría de Vigo y las playas de O Morrazo. El incansable trabajo de los voluntarios logró detener el avance de la mancha. Pero el viento no perdona. Durante tres interminables días sopló del sur y del este y atrajo el fuel de forma irremediable hasta el litoral baionés (en Santa María de Oia hay en estos momentos casi tres kilómetros afectados por los vertidos) y hasta las islas Cíes. El Parque Nacional, recién estrenado, y todavía sin una junta rectora constituída, ha sido el gran perjudicado. En Cíes, cerca de mil voluntarios se afanan por evitar una catástrofe que ya es una realidad. El 40% del perfil del archipiélago vigués está negro y huele a petróleo. Cada día es más difícil hacerle frente al chapapote y las tareas de limpieza se hacen más arduas con cada marea. Falta lo peor Lo dijo ayer el alcalde de Vigo, anteayer lo advirtieron a gritos en Baiona y lo confirman los servicios de vigilancia portugueses y franceses. Después de dos días en relativa calma, durante los cuales el viento se alió con Galicia y expulsó la mancha hacia el sur y hacia el este del Atlántico, a partir de esta noche la amenaza cobra especial importancia. Dos grandes manchas, una de ellas del tamaño de la isla de Tenerife, caminan en una procesión maldita de vuelta a la costa baionesa. El gabinete de crisis de los municipios de O Baixo Miño y O Val Miñor se declaró el viernes «impotente» para combatir esta nueva oleada de fuel y exigió la ayuda del Gobierno central. El viceprimer ministro Mariano Rajoy confirmó los peores pronósticos y admitió ayer que el giro del viento atraerá estas manchas de nuevo al sur de Galicia. Los operativos trabajan día y noche en dos direcciones. La una para seguir limpiando y evitar así el avance de la contaminación marina. La otra para retener la llegada del petróleo. Los esfuerzos, en todo caso, parecen a estas alturas casi inútiles. Hasta cinco barcos reforzados por dos buques italianos antipolución extraen a marchas forzadas el fuel de las Rías Baixas. Pero no dan abasto. La falta de medios, evidente en los primeros días de mancha en Baiona y O Morrazo, se solventan con lentitud. Además, la ausencia de tecnología para tranquilizar a la población y retener esta nueva marea negra continúa irritando cada día a las cerca de 4.500 familias que viven directamente del mar y que ven peligrar un negocio cercano a los cien millones de euros sólo en este año. Si la previsión meteorológica no varían, a partir de mañana la máxima alerta se transformará de nuevo en un sentido S.O.S. La amenaza afecta con idéntica intensidad a la costa norte portuguesa, donde ayer se colocaban las últimas barreras para evitar que el vertido entre por la desembocadura del Miño.