La miseria de la prostitución

Ramón Capotillo

VIGO

Mujeres procedentes de distintos lugares de África, de países del Este y gallegas enfermas de sida ejercen el oficio más viejo del mundo en la zona litoral de la ciudad

02 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Cae la noche y comienza el mercadeo Anochece y el muelle de Bouzas se convierte en una gran charcutería. Un enorme expositor de carne en venta donde no hay que pedir la vez; basta un coche, treinta euros y la nocturnidad y alevosía que ofrece un párking mal iluminado. El género se distribuye por toda la Avenida de Beiramar. Las africanas pata negra se venden al lado de la aduana. Las delicatessen , venidas del Este, en el pasillo de la derecha, hasta la Zona Franca. En Cánovas del Castillo y Alameda, las de aquí exponen su producto nacional en bruto. Y allá, en la trastienda, escondidas en las callejas mal iluminadas de la gasolinera, siguiendo con el símil de la charcutería, nos encontramos con que la palabra fiambre, cobra todo su significado en la triste figura de algunas toxicómanas, enviadas a la prostitución por una mala patada del caballo . Son la mercancía más perecedera. El cuerpo en oferta. ¡Compren! ¡Todo a mitad de precio! Ventitrés servicios en la jornada Son las 6:30 de la madrugada y Toñi ya va de retirada. Los veintitrés servicios que ha cubierto en la noche le han dejado baldada, pero eso a su chulo no le importa. Incluso le resbala que se arriesgue a culminar sus trabajos en el asiento de atrás del coche o en un incómodo portal; o que su única higiene, entre cliente y cliente, sea una toallita húmeda; o que juegue a la ruleta rusa del sida con algunos parroquianos, a los que la palabra condón les suena a marca de galletas. A los proxenetas sólo les interesa hacer caja al final de la jornada,. Si la prostituta revienta es sólo un daño colateral. Toñi no se llama así. Su verdadero nombre corresponde a otra vida que ya no le pertenece; a una tierra que, hoy, queda muy lejos. Como la mayoría de las africanas llegó a través de las mafias organizadas. Es la globalización sexual, sin patria, sin ley. Explotación Raptadas, vendidas o violadas en las infinitas guerras que salpican el continente negro, las mujeres son obligadas a realizar un auténtico vía crucis sexual. Entran a través de Holanda e ingresan a España por Madrid o Valencia. Cuando llegan a Vigo, sus cuerpos jóvenes reflejan ya la veteranía del sufrimiento, y en la piel tienen marcadas las cicatrices del calvario padecido en esta sociedad que todavía consiente el alquiler de mujeres. De todo el mundo Pero por las aceras de Bouzas también desfilan las del Este. Sus mafias son las más violentas, hasta el punto de que meses atrás desplazaron a las africanas y se hicieron dueñas y señoras del paseo. Ante la escalada de violencia la policía tuvo que intervenir. La operación terminó con la desarticulación de la banda de rumanos más peligrosa de todas cuantas habían operado en la ciudad hasta ahora. Ante la falta de protección, las albanesas desaparecieron y las nigerianas volvieron a conquistar la acera bajo la atenta mirada de sus mantenidos. Al igual que todas, Toñi no se plantea dejarlo. Sabe que esta esclavitud no acabará nunca. Le gustaría volver a su pueblo, pero su deuda es de por vida. Quizás, cuando su salud se resienta definitivamente y deje de producir su chulo la abandonará y podrá, al fin, volver. Quizás.