De «jolgorrio» en «jolgorrio»

Begoña R. Sotelino redac.vigo@lavoz.es

VIGO

Mientras en la carballeira de A Guía vecinos y visitantes se chuparon los dedos con sardinas asadas, en Mos, clanes prehistóricos festejaron los tiempos de las cavernas

10 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Al rico pescado azul Olía a sardinitas en varios kilómetros a la redonda. Mi olfato me decía, como al oso Yogui, sigue tu instinto. Así que dí enseguida con el punto caliente: lo que se cocía era la Festa da Sardiña, que se asaba lentamente bajo las brasas en la carballeira de A Guía. El cielo encapotado y unos litros de lluvia fina no consiguieron desanimar a los que habían decidido comer al aire libre un menú sano y con fundamento: deliciosas sardinas recostadas dejando su jugo sobre su cama-pan que cuanto más se empapa, más bueno está. Pregón Como toda fiesta con honor y tradición, hubo pregón y pregonero, que siendo escritor y periodista como lo es Gerardo González Martín, (y no siempre una cosa lleva a la otra, ni viceversa), hizo una loa entrañable del enxebre pez que tantas mesas ha salvado de su desnudez en tiempos pasados. Premio de oro Además de comercio y bebercio, en la Festa da Sardiña hubo otros momentos de motividad que superaban a la emoción de zamparse los pescados. La comisión de fiestas Nosa Señora das Neves que preside José Gonda (¡viva la comisión de fiestas!), entregó el premio a la labor social al Hogar y Clínica de San Rafael, que trabaja en Vigo desde los años 40 y recogió en nombre de la Orden de San Juan de Dios el director del centro, José Antonio Atienza. El galardón, ad hoc , era la Sardina de Oro. Espíritu pirotécnico En Teis se vivió aire de fiesta todo el día: fuegos artificiales, grupos de baile, torneo de fútbol despliegue pirotécnico al ocaso y verbena nocturna para bajar los 1.500 kilos de sardina, los 450 de pan y una cantidad no determinada, pero bollante, de vino. Mos viajó al pasado Mientras en Vigo unos jalaban sardinas, en Mos volvían a las cavernas. La primera Festa da Prehistoria convirtió la zona en escenario idílico para un documental antropológico con varios clanes de trogloditas jugueteando, gruñendo, invocando espíritus, comiendo y escuchando folk, rock y percusión africana. Igualito que en el Pleistoceno.