DIEGO PÉREZ CONTRAPUNTO
21 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.¿Recuerdan aquella fábula de los dos viejos que peleaban por un peine? Pues Príncipe y Castrillo no saben que se están quedando calvos, políticamente hablando. Así lo refleja el Barómetro Urbano de Sondaxe que acaba de publicar este periódico. Los ciudadanos les dicen que su gestión no les gusta y ellos se enzarzan en reproches mutuos. Y así llevan dos años y medio. La sentencia del Supremo que ordena el derribo de las torres Ífer -una más- es otro capítulo de la farsa. El nacionalista Toba dice que la aberración urbanística fue culpa del socialista Príncipe, pasando por alto que su jefe de filas y actual alcalde formaba parte del gobierno que dio la licencia. ¿No se enteraba Castrillo de lo que hacía? ¿Alzaba la mano sin saber lo que votaba? Quienes están haciendo de la política local un modus vivendi desde los años ochenta siguen buscando culpables. Las calles están sucias por culpa de los otros, los impuestos suben por culpa de los otros, los concursos son sospechosamente adjudicados por culpa de los otros... Es igualmente preocupante la desmovilización en la que parece instalada la ciudad. Hay cansancio, hay hastío. Vigo ha pasado sin respiro de un alcalde del PSOE a otro del PP y a otro del BNG. ¿Qué más queda? En las últimas elecciones municipales, más de cien mil vigueses se quedaron en casa y no acudieron a votar. El porcentaje de abstención es muy superior al del resto de las ciudades gallegas. Esto sí es peligroso. Ante la inseguridad jurídica de la que nadie se responsabiliza y ante la falta de ilusión, ¿dónde están y qué opinan las organizaciones empresariales, los sindicatos, las asociaciones de vecinos? Ayer, sin ir más lejos, aceptaron sentarse en el Ayuntamiento a debatir unos presupuestos que ya estaban aprobados.