SIETE VECES SIETE
29 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.EN EL GOBIERNO MUNICIPAL cerramos un año que para Vigo ha sido de transición política. Comenzó con fuertes enfrentamientos en el equipo del gobierno de los dos partidos de izquierda y ha concluido con un panorama que en las Navidades pasadas nadie hubiera podido imaginar. El 2001 se abría con un BNG acomplejado frente a los envites y pretensiones de coalcaldía de Carlos Príncipe y sus muchachos y se cierra con una creciente reafirmación de Lois Castrillo como alcalde y candidato a seguir, mientras su socio/opositor navega desconcertado en el mar revuelto de un PSOE local cada vez más pobre de ideas y gentes, mermado y desacreditado, donde su candidatura a las próximas municipales es cuestionada hasta por quienes fueron sus más fieles servidores trescientos sesenta y cinco días atrás. Mientras el equipo que dirige Castrillo se muestra disciplinado y unido, el de Príncipe hace aguas por todas partes, cada concejal es un rey de taifa que pelea por intereses y presupuestos propios. Sin embargo, la desastrosa situación interna de los principistas paradójicamente ha traído paz a la gobernabilidad local dando oxígeno a los nacionalistas. Por tanto, doce meses de transición hacia un futuro repleto de incógnitas, marcados por el afianzamiento del BNG frente al abandono de las pretensiones del PSOE de cogobernar en igualdad protocolaria y de poder económico. EN LA OPOSICIÓN TAMBIÉN se ha operado un proceso de transición que en el PP esperan que sea el camino abierto hacia la consecución de la alcaldía. Después de un ejercicio opositor blando y falto de criterios sólidos por parte de Juan Corral, Chema Figueroa tomó las riendas de un grupo con escaso brillo político, un grupo gris e invisible para la ciudadanía. Los esfuerzos de Figueroa le han aportado alguna proyección personal, pero la oposición por parte de los populares sigue siendo la gran ausente de la vida municipal. No aporta grandes ideas, no suena, no trasciende. La incógnita de quién será la foto del próximo cartel electoral parece que preocupa más en el PP que los asuntos diarios del gobierno municipal. Da la impresión de que este mandato ya no fuera con ellos. Como si estuvieran seguros de recoger una buena cosecha de votos sin sembrar. QUIEN SIEMBRA SIN PARAR es Manuel Soto, el llanero solitario de la corporación. Desde su experiencia como alcalde y con un trabajo sin tregua ha ido recuperando crédito social y credibilidad. Su despacho municipal es de los más visitados, sin embargo su labor opositora no consigue romper algunas barreras de hielo que tratan de segarle la hierva bajo los pies por temor a que su posible crecimiento lo convierta en la bisagra imprescindible en un próximo gobierno. La transición de Soto sigue teniendo un horizonte incierto. LA TRANSICIÓN EN LA VIDA cotidiana de la ciudad ha pasado de un año abierto en canal de zanjas por todas partes a una remisión de las obras del gas, el cable y otras tuberías. De una Travesía de Vigo estancada a una conclusión con aciertos. De una petición de peaje gratuito para Rande a un posible peaje de privilegio inconstitucional. De un monopolio de Emorvisa a una Emorvisa regalada. De un billete de bus caro a otro más caro... Y sin embargo, somos felices.