VÍCTOR MORO COMENTARIO
06 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.ESPECTO a los accesos ferroviarios en Vigo son varias las alternativas consideradas. Si llegáramos a tener un AVE de verdad podría plantearse una gran estación nodal en las inmediaciones del Polígono Industrial Vigo-Porriño para seguir a Santiago por Los Valos y el este de Redondela, ganando tiempos si prevalece el objetivo de velocidad. Una desviación a Vigo cruzaría la cordillera bajo el CUVI para acceder a Valladares, con gran reserva de terrenos. Desde aquí bajar al complejo portuario de Bouzas en conjunción con el segundo cinturón, sirviendo también a Citroën. Otro ramal iría desde Valladares a la actual estación de Urzáiz para seguir hacia Redondela y Pontevedra bajo un túnel en San Vicente, soterrando la vía en todo el frente de Teis-Redondela para recuperar urbanísticamente la fachada marítima. En Madrid van a soterrar Chamartín para urbanizar la superficie ganada en el proyecto urbanístico más importante en este siglo para la capital. Como es sabido, el Ministerio de Fomento estudia distintas alternativas para la entrada de la alta velocidad en Vigo. Pero lo primero que debería aclarar es que «alta velocidad» es la que nos espera. Esto hoy es lo importante para Galicia y cualquier otra disgresión es distraer el problema principal. Definido esto no dudo que los técnicos decidirían la mejor solución, pues Vigo está rodeado de una cordillera que es penetrable. ¿Por dónde?, pues por Valladares o por Beade y a esta dificultad orográfica añadir las medioambientales y vecinales que no son pocas. Concluyo concretando lo que me sugieren los datos conocidos: La «gran velocidad» para Galicia no alcanzará las prestaciones que se entienden popularmente para el AVE. Aquí, en el mejor supuesto, llegaremos a medias de 150 km/h en contra de los 350 Km/h o superiores del trazado Madrid-Sevilla y que se prevén para el Madrid-Valencia, Madrid-Barcelona o ramal a Asturias. Cuando entre 1875 a 1885 llega el ferrocarril a Galicia desde León el tramo gallego, en su conjunto, circulaba a 75 Km/h de media, que entonces justificaron por «dificultades orográficas». Razonamiento falaz que el reciente estudio del BBV El stock de capital ferroviario en España y sus provincias: 1845-1997 echa totalmente por tierra. El stock neto de capital ferroviario en Galicia era de 62.923 millones de pesetas de 1990, de los más bajos de España. En 1997 la inversión en infraestructuras ferroviarias por kilómetro cuadrado en Galicia era de 2,13 millones de pesetas, contra una media para España de 5,10 millones. Si la comparación la hacemos por habitante, Galicia tenía en miles de pesetas de 1990 un total de 26.059, mientras la media de España era de 54.267. Concluyen los analistas del BBV diciendo: «Se observa como una de las conclusiones más evidentes que un siglo y medio de historia del ferrocarril no han reducido sustancialmente las diferencias en dotaciones ferroviarias» y también que «los trazados fueron condicionados a las exigencias políticas de cada territorio, hasta el punto que no existió correlación entre mayores dificultades orográficas y mayor capitalización», como fue evidente para Galicia y ahora se repite. El PP valenciano hizo valer su capacidad política mientras su homónimo gallego no sabe o no puede capitalizar para Galicia los votos que tan generosamente recibe. Los catalanes cuentan con sus propias armas políticas que tan hábilmente utilizan y los asturianos con un valedor autóctono cuyo interés por su tierra aplaudo. Si desde 1885 hasta ahora los recorridos gallegos hacían medias de 75 Km/h, mientras la media en otros territorios nacionales era de 150 km/h, es decir, el doble, ahora vamos a conseguir, como máximo, llegar a 150 km/h mientras las líneas del AVE auténtico harán medias de 300 Km/h. Es decir, también el doble que Galicia, como hace siglo y medio. En consecuencia, salvo mejor opinión en contrario, la situación comparativa Galicia-España en los albores del siglo XXI será la misma que en el siglo XIX. Seguiremos con ferrocarriles no competitivos que en nada favorecen la tan urgente y necesaria convergencia.