Tócala otra vez, Sam

La Voz

VIGO

KIKO DA SILVA

BEGOÑA R. SOTELINO TESTIGO DIRECTO Un programa diseñado para contentar a un público poco exigente

06 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

speraba, ya con cierta impaciencia y un punto de ansiedad, que el Concello desvelase de una vez por todas el oscuro misterio de las Fiestas de Vigo. Esperaba, como cada año desde hace unos cuantos, poder cambiar el adjetivo para calificarlas y en vez de utilizar el eufemístico «populares», poder aplicar otros más apasionados y bondadosos. En unas fiestas hay que contentar a todos y eso es lo que trata de hacer el ayuntamiento vigués logrando no satisfacer a nadie por completo. Abro el librillo que contiene el programa del Verano 2001 y pienso si, quizás sin darme cuenta, me he metido en el coche de Regreso al futuro y en cuestión de segundos estoy en el Parque de Castrelos hace muchos, muchos años. El programa comienza con un revival que podría ser un gran festival de la patilla y la bola giratoria de espejos si se olvidaran de los actuales Beach Boys de pacotilla (que nada tienen que ver con los de Brian Wilson) y juntasen a Gloria Gaynor (¿existe Gloria Gaynor de verdad?) con Donna Summer, Grace Jones y otras divas de la música disco de los años 70. Las otras estrellas del cartel son Alejandro Sanz, Ana Belén y Víctor Manuel (ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo), David Summers, Sergio Dalma, Azúcar Moreno o Ella Baila Sola (otra vez). ¿Estoy leyendo el auténtico, fidedigno y famoso programa de las Fiestas de Vigo del primer año del siglo XXI, las de Peñaranda de Bracamonte o el contenido de Luar o Noche de fiesta de José Luis Moreno? Pero no nos pongamos apocalípticos. Veamos el lado positivo. Hay actuaciones para todos los públicos de cero a cien años. Hay pop melódico (por un tubo), hay blues, hay música latina, hay flamenco, hay rock, hay desde gospel a bandas de música (¡viva el pasodoble Paquito el chocolatero!) y fiestas de exaltación de la sardina y el mejillón. Olé. Para la cultura siempre hay excusas. Que los artistas, justo los que nos interesan, no están de gira. Que han cancelado actuaciones. Que están de vacaciones. Que su caché es muy alto. Que no hay dinero para eso. Que en Vigo los promotores no se arriesgan porque el único auditorio es Castrelos y el dinero no se recupera con la venta de entradas. Pues que hagan algo ya. Es verdad que las fiestas podían ser peores. Y tal como iba el asunto, hasta es mucho más de lo que se podía esperar. Es decir, podemos darnos con un canto en los dientes. En realidad tenemos suerte con las fiestas de todos los veranos. Deberíamos de estar agradecidos porque todo lo que nos hemos perdido antes lo tenemos ahora. Las estrellas en decadencia tienen mucho que agradecer a los ayuntamientos del mundo en general, de España en particular, de Galicia en especial y de Vigo en concreto. Animados al ver que regresan hechos unas piltrafillas de voz, calidad y aspecto pero siguen llenando con la eterna canción de siempre, se crecen, se reagrupan y se forran a costa del público despistado y nostálgico. Es una pena que la ciencia no haya perfeccionado la resucitación para poder ver también a Jim Morrison y a Janis Joplin.