Una imagen distorsionada

Mª JESÚS FUENTE VIGO

VIGO

El gobierno municipal se ha preocupado más de la apariencia física que de guardar los modales La imagen física del gobierno local ha primado sobre los buenos modales. Al menos eso es lo que han percibido los ciudadanos en los dos primeros años de mandato. Los gobernantes no han tenido prejuicios a la hora de pasar por etiquetas, recepciones, almuerzos y demás saraos. Por el contrario, no sólo han tenido objeciones para aparecer unidos, sino que se han tirado los trastos ante toda la ciudad.

22 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Un alcalde lo es de todos los vigueses, de los de a pie y de los de coche, de los de vaqueros y de los de traje, de los de derechas y de los de izquierdas, de los que están a favor de la peatonalización y de los que están en contra, de los que quieren grandes superficies y de los que defienden las pequeñas. Esta es la teoría. En la práctica, un alcalde no apea el traje, se traslada en coche y barre para casa. Existe una normativa de protocolo en la que se explica que ninguna entidad puede obligar a una autoridad a decirle como debe vestir. Con estas palabras salió al paso el alcalde de la polémica surgida tres meses después de tomar posesión del cargo con motivo de su asistencia a la fiesta anual que celebra el Real Club Náutico. El alcalde se negó a acudir con esmoquin como obligaba el protocolo de la entidad. Al final sacó del armario sus mejores galas, pero se salió con la suya. Hay quien piensa que debería emplear esa misma firmeza para gobernar. A lo que nunca se ha negado Lois Castrillo durante los dos años de mandato es a ponerse el traje. Es más, no lo ha apeado desde que ocupó la alcaldía el 3 de julio de 1999. También es evidente el cambio de imagen, más engominada que cuando representaba a los vigueses desde la oposición. Lo único que todavía mantiene de aquella época es el hueco de un supuesto diente. Su compañero de cogobierno, que no de desgobierno, Carlos Príncipe, es más partidario de otros estilos menos convencionales como los cuellos Mao o las chaquetas claras. Pero, la cuidada imagen física del gobierno municipal se ve desbaratada por otra imagen que sin duda resultaría mucho más productiva para la ciudad, la de las buenas formas, en este tiempo un tanto distorsionada. La ausencia de diálogo y las constantes peleas y desacuerdos han conseguido minar la moral de los vigueses. A estas alturas, la opinión más generalizada es que lo único que interesa a los gobernantes locales es el lucro político. Con este fin se reúnen con cualquier asociación que se les ponga a tiro y aprovechan el mínimo evento o detalle para ofrecer colaboración y poner en evidencia al adversario.