MIGUEL Á. RODRÍGUEZ CONTRAPUNTO
12 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La Casa das Palabras será una incógnita hasta la misma jornada de su inauguración. Por lo inaudito, nadie podrá juzgarla hasta que la visite. De momento, es sólo un idea. Pero también algo más que un proyecto. Se trata de la primera gran propuesta del concejal de Cultura, Carlos Príncipe. El socialista cultiva en su haber el mérito de concluir con presteza lo que otros no pudieron rematar. Así el Museo del Mar. De esa forma el Auditorio Casa Mar. Y por el mismo procedimiento el Museo de Arte Contemporáneo. Pero la Casa das Palabras fue alumbrada, concebida y será parida por un Carlos Príncipe en plena eclosión realizadora. El político se ha cuidado mucho de apuntalar a su hijastro cultural con fondos europeos y la diligencia precisa para garantizar una soberbia inauguración en la segunda mitad del mandato. Ocurrirá lo mismo con el Museo del Mar y con el MARCO. Particularmente, no soy tan optimista con el Auditorio de Casa Mar, donde el resurgir de los problemas es sólo cuestión de tiempo... En la Casa das Palabras, en cambio apellidos de prestigio como Núñez o Toharia respaldan el presunto éxito de un museo que, cuando amaneció en la escena política, despertó más risas que aplausos. Ahora Príncipe se esfuerza por convencer a los escepticos. Aun tiene trabajo para rato, pero circula a buen ritmo.