Una cofradía y una congregación reclaman un lugar para los pasos olvidados por sus dueños hace 30 años Tanto la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Silencio como las Hermanas de la Caridad están muy interesadas en que aparezcan los propietarios de cuatro pasos de Semana Santa que están abandonados en una capilla de una escuela infantil desde hace más de treinta años. Los primeros quieren recuperar esas tallas de imaginería religiosa para que vuelvan a salir en las procesiones de Vigo. Las segundas, para que su local se reconvierta en un espacio para juegos de los niños que acuden al centro de enseñanza. Los pasos -que están en buen estado- pertenecen a la desaparecida Hermandad de la Pasión que fundó la Cofradía de Pescadores.
03 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hoy en día todo el mundo puede hablar apasionadamente de Gran Hermano pero nadie, en Vigo, sabe qué ha sido de la Hermandad de la Pasión, supuesta propietaria de los cuatro pasos que salían el Jueves Santo por la tarde en la que se conocía como la Procesión de los Pasos, y que hoy se encuentran sin que nadie las reclame, en la Escuela Infantil Casa del Pescador que gestionan las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. Según recuerda Antonio Reguera, presidente de la Cofradía de Jesús del Silencio, la Procesión de los Pasos dejó de hacerse por falta de hombres y hombros que se arrimasen a las enormes y pesadas andas. La mayor parte de los portadores eran marineros que lo hacían por promesas, «hasta que dejaron de hacerlo y hubo que poner ruedas a las figuras y salieron sobre camiones sin preparar. Fue tal el escándalo que no se volvió a repetir». De eso hace más de tres décadas. Ese tiempo es el que llevan almacenadas en una capilla -que tampoco se usa como tal hace más de diez años, desde que murió su capellán- cuatro tallas de imaginería religiosa que representan La caida de Cristo; La flagelación, La oración en el huerto y La última cena, que por su estilo datan probablemente del siglo XIX. Sor Pilar define las tallas que custodian desde tiempos inmemoriales como «una belleza extraordinaria, pero deberían estar en otro sitio, expuestas al público, y nosotras podríamos dedicar este espacio a los niños». Reguera añade que «es un pecado tener esto así» y que su cofradía estaría dispuesta a hacerse cargo de las tallas en cuanto tengan permiso para moverlas, porque están impecables y solo haría falta cambiarles las ruedas para ponerlas en marcha. El cofrade asegura que además, hay tallas en casas de particulares que no saben que hacer con ellas: «Hay por lo menos dos: Jesus atado a la columna y un nazareno».