VÍCTOR MORO EL ANÁLISIS
24 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Recientemente colocaron la primera piedra de la Ciudad de la Cultura en las cercanías de Santiago. Desde la colina de Gaiás asomada a la vega del Sar resolverán la relación del nuevo complejo con el centro histórico. Se trata de un reto urbanístico que están considerando las autoridades municipales y autonómicas, al que se refería en reciente comentario el ex-alcalde Xerardo Estévez. Afortunadamente, no se les ocurre, como sucede en Vigo en casos similares, llevar el nuevo complejo cultural al Paseo de la Herradura o a la mismísima plaza de la Quintana. La expansión cultural de Santiago se proyecta sobre un nuevo espacio abierto, amplio, que se integra en el conjunto sin estridencias, sin agobios, con naturalidad, respetando el paisaje y el centro monumental. Es decir, integrando armónicamente el conjunto, que no otra cosa es el urbanismo al servicio del hombre. Contrasta esta racional forma de proceder con las actuaciones pretendidas en Vigo y que pueden concretarse lamentablemente por la prepotencia y la contumacia de quienes, proclamándose valedores o servidores de la ciudad, pasarán a la historia como sus destructores. ¿No es posible seguir el ejemplo compostelano y proyectar Vigo sobre su entorno circundante, sin más agobios urbanos y asfixiantes? La destrucción del conjunto urbano de Vigo en los últimos años es alarmante. Perdimos por la estulticia municipal edificios emblemáticos, sustituidos por auténticos mamotretos insulsos e inexpresivos. A estos atentados se suma la anárquica expansión urbana, con edificación abigarrante e incontrolada, cuando no punible según parece deducirse de continuos recursos judiciales. Todo ello agravó el tráfico que nunca resolverán sesudos estudios universitarios, ni aparcamientos subterráneos, ni cambios de sentido. La doble fila, cuando no la triple, prevalecen ante la general pasividad y vamos camino de convertir nuestras calles, cual ocurre con Rosalía de Castro, en calles-aparcamiento, nueva figura de la invasión motorizada sin ordenación, norma ni control. En Vigo se han cometido auténticos atentados urbanísticos de los que trae causa la anarquía circulatoria, la falta de espacios verdes, la ordenación urbanística equilibrada con dimensión humana que hiciera habitable y atractiva la ciudad. Si no cambian de parecer, que es cuando aciertan, es posible que en los próximos años se consume la destrucción de Vigo como ciudad a escala humana, por la incompetencia de una inmensa farándula municipal, paradigma del caos. Miguel Fisac relacionaba la expresión urbanística de cada país con su particular régimen político. Así Roma se expresaba en las grandes realizaciones imperiales, Italia y Alemania en ostentosas edificaciones que buscaban la inmortalidad de sus dictadores. Hoy podría añadir el «urbanismo caótico» del que Vigo es ejemplo. Desde la prepotencia y con aire chulesco impropio de una democracia se impone la persistencia en el error por no meditar ni estudiar las decisiones, faltos de ambición para abrir Vigo a nuevos horizontes. En esta circunstancia es urgente que personas, instituciones, sociedades y todo cuanto en Vigo conforma su estructura ciudadana, inicien un debate serio, fundado y democrático sobre algunas de las realizaciones previstas. Así, desde mi perspectiva personal, destaco el error de mantener el antiguo edificio de los Juzgados en Príncipe, cuyo valor como muestra de la arquitectura civil del XIX es discutible. Una recoleta plaza pública sobre el solar oxigenaría la zona. El Palacio de Congresos y Auditorio en el edificio de Casa Mar debe ser objeto de reconsideración. No vale que ya esté decidido su emplazamiento. También lo estuvo el «scalextric» y fue derribado. Cambiar de opinión es de personas inteligentes que no deben instalarse en la contumacia fundamentalista. Y no se trata de respetar intereses gremiales a los que es fácil desacreditar con demagogia. Sobre aquellos deben prevalecer los generales, pero considero que instalar el nuevo Auditorio al pie de la lonja de Pesca, en el entorno pesquero-industrial de O Berbés, es asfixiar y encorsetar el conjunto, salvo que nuestros urbanistas lleven la actividad a la otra banda de la ría, astilleros incluidos, respetando al menos los tradicionales soportales de la plaza que acceden a la calle Real, como recuerdo del barrio primigenio del Vigo que se fue. Los estacionamientos subterráneos se concluyen con graves errores que dificultan el tráfico no iniciado. Otros se modifican, cual ocurrió en la Porta do Sol, colocando un muro que atenta contra la perspectiva de un noble edificio. Se pretende la construcción de otros cuyo emplazamiento es discutible. En esta esperpéntica situación cambian de opinión y por eso aciertan sobre la mediana de la Travesía de Vigo. Se habla de un metro ligero, remedo semántico del viejo tranvía que destruimos, cuya infraestructura y recorrido puede añadir nuevas dificultades a la circulación. ¿No es posible hacer un alto en el camino y reflexionar?, ¿proyectar Vigo hacia nuevos y amplios horizontes urbanos?, ¿no es posible recuperar la ambición de esta ciudad? Urge reflexionar pues Vigo se enfrenta a una encrucijada y si equivoca el camino puede sufrir consecuencias destructoras irreversibles.