Las vacaciones concluyeron para los casi diez mil trabajadores que forman la mayor plantilla de la ciudad No estamos en Sidney, sino en Balaídos. No es la salida de la marathón de los Juegos Olímpicos sino la espera del toque de sirena que a las dos en punto empieza la frenética carrera hacia los autobuses y los coches. Son las dos de la tarde y Citroën ha vuelto a la normalidad. Tras 21 días de inactividad la cadena vuelve a funcionar. Miles de obreros han vuelto a sus puestos en la mayor fábrica de automóviles de España. Durante este periodo los suelos se han pintado y las naves parecen más aseadas. Atrás han quedado las vacaciones y ahora la vista está puesta en las navidades. Con el regreso al trabajo se repiten las rutinas y los cambios de turnos.
22 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Algunos salen a la carrera. Son los más impacientes por regresar a casa. Se han quitado el mono azul y la mayoría opta por marcharse directamente sin pasar por la ducha. Ya se bañarán en casa. «Solamente nos duchamos el cinco o diez por ciento», indica un joven trabajador. José Troncoso, de 55 años lleva desde el año 72 en la fábrica y José Ramón Sánchez ha cumplido sus bodas de plata en la empresa. Están relativamente contentos. «Lo mejor es llegar, más o menos vamos tirando», cuenta José Troncoso al que las vacaciones se le han quedado un poco cortas. Desde que llegaron a la compañía las cosas han cambiado «en un 99 por cien», afirman exagerando. Las comidas «La cadena es bastante dura», relata José Ramón Sánchez. Son ocho horas de pie y apenas quince minutos para el bocadillo. José Ramón prefiere el turno de mañana, aunque suponga darse un madrugón. Por suerte, José Ramón es de Vigo y no tiene que levantarse demasiado pronto pero hay otros que vienen de Salvatierra, de Salceda, e incluso de Ourense. «El cambio de turnos es muy dañino para el estómago» tercia José Troncoso. Piensa que deberían cambiar de horario cada quince días porque actualmente los turnos son de una semana y cuando ésta acaba y se han habituado les toca cambiar. Así que los biorritmos suben y bajan como un caballito de feria. Una semana se come a las doce y media de la mañana y, a la siguiente, a las tres de la tarde. Gabriel Prego, de 21 años, lleva dos años en Citroën como trabajador temporal. Se dedica a la soldadura de pinzas y ha vuelto al trabajo con buen ánimo tras pasar las vacaciones desconectando fuera de Galicia. Cuando termina la jornada laboral disfrutan de su tiempo libre tocando en una banda de música y jugando al fútbol en el Alpinista, un equipo de Segunda Regional. En la empresa hay un equipo de fútbol pero, según Gabriel «no se potencia mucho». Eva María Carnero se protege la cabeza de la lluvia con una cazadora vaquera. Cada vez hay más chicas en la fábrica. Según la dirección, son más ahorradoras con lo que el sueldo revierte en la familia en mayor proporción. Para Eva María el retorno a la fábrica es «como la vuelta al cole». Para su compañera Rosa María Santos «todo es acostumbrarse». las dos trabajan en el montaje del Picasso, el vehículo estrella de la cadena. Ayer se fabricaron 283 coches de este modelo y unas 300 furgonetas de los tipos Berlingo, Partner y C 15. La integración de Citroën con Peugeot llevará a producir más modelos de esta última marca. Hace ya dos años se dijo que iban a montar el 306, pero luego no fue así. El trabajo en la cadena de montaje es duro y monótono pero está bastante bien pagado y convertirse en fijos de la empresa es el sueño de muchos jóvenes que entran en la factoría de PSA con un contrato temporal.