Buffon en portería; Cafú, Cannavaro, Beckenbauer y Roberto Carlos formando una defensa de cuatro; el arquitecto Luis Suárez, Xavi y Zidane en la sala de máquinas; con Garrincha, Pelé y Messi arriba. Podría ser un once titular. Acuña; Dani Alves, Puyol, Sammer, Maldini; Iniesta, Mauro Silva, Kaká; con Cruyff, Maradona y Eusebio formando tridente ofensivo podría ser otro. Y habría que mandar a la grada con sus Balones de Oro a gente como Cristiano Ronaldo, Oleh Blokhin, Allan Simonsen, Stoichkov, Figo, Nedved, Romario, Ronaldo Nazario o Rivaldo, entre otros.

No es —o no es solo— una selección de leyendas configurado por la FIFA para algún ránking. Todo queda más cerca. Es parte de la plantilla de trabajadores que han estado al servicio del público del estadio de Riazor, un campo que en sus 75 años de existencia ha visto pasar a lo más granado de la historia de este deporte.

Eso poniendo el foco en individualidades, porque en el colectivo Riazor ha visto lucirse al Tercero de Oro de San Lorenzo de Almagro, al gran Inter de Milán campeón de Europa en los sesenta, derrumbarse al Milan de Ancelotti —y el de Van Basten y Gullit, de paso en 1992—, gozó del Santos de Pelé. O del Mönchengladbach de Simonsen, Heynckes, Netzer y Vogts que cayó en el Teresa Herrera frente aquel brillante Peñarol de Fernando Morena que acabaría levantando la Libertadores. También al todopoderoso Ajax de Cruyff, al que un desconocido equipo checo le metió un repaso. «Perder por 3-0 ante el mismísimo campeón de Europa, el Ajax, cuando faltaba solo media hora de partido, y ganar por 5-3 es toda una proeza. Pocos equipos podrían repetir lo que hizo ayer el Spartak Trnava, máxime después del auténtico ballet futbolístico ofrecido por el Ajax en la primera parte», contaba en su crónica del domingo 5 de agosto de 1973 La Voz de Galicia. Un partido «viril, pero deportivo» que privó a la afición de la final soñado con los holandeses midiéndose al Atlético. Ganaron los colchoneros después de dos prórrogas. Javier Irureta fue el autor del primero de los rojiblancos. 

Y eso que el colegiado, Oliva Fortuny, un catalán, le puso la alfombra roja a los de Ámsterdam para ganar el partido ante la furia de la hinchada coruñesa. Casualidades de la vida, el 14 acabaría fichando por el Barça ese mismo año. No era la primera vez que Cruyff pisaba el césped coruñés. Lo hizo en 1966 en un partido que enfrentó a la selección española —porque el municipal también ha sido la casa del combinado nacional— y al Ajax, aunque por aquel entonces el único texto que se dedicaba al que ganaría tres Balones de Oro era un aséptico pie de foto. «Cruyff, otro internacional», decía. En Riazor, y ante España, el Flaco marcaría un gol. Cruyff regresó a A Coruña en 1974, ya de blaugrana, para acabar expulsado en la final del decano de los torneos veraniegos ante el Peñarol de Montevideo. Historia de un escenario de lujo.

LOS MÁS GRANDES PISARON RIAZOR

DI STÉFANO - DEPORTIVO

Vistió la camiseta del Dépor con permiso del Madrid en 1955 en un partido de homenaje a Julián Cuenca, quien se retiraba entonces.

EUSEBIO - BENFICA

El entonces jovencísimo delantero visitaba Riazor en 1962 para jugar el Teresa Herrera.

EL PORTERO DEL DEPORTIVO SALE A POR UN BALÓN AL BORDE DEL ÁREA ANTE LA LLEGADA DEL JUGADOR DEL BENFICA EUSEBIO, DURANTE LA DISPUTA DE UN PARTIDO EN RIAZOR ENTRE EL DEPORTIVO Y EL BENFICA
EL PORTERO DEL DEPORTIVO SALE A POR UN BALÓN AL BORDE DEL ÁREA ANTE LA LLEGADA DEL JUGADOR DEL BENFICA EUSEBIO, DURANTE LA DISPUTA DE UN PARTIDO EN RIAZOR ENTRE EL DEPORTIVO Y EL BENFICA

Dos años más tarde, el Deportivo levantaría el trofeo ante el máximo rival de los lisboetas. El Sporting se llevó cuatro goles de Riazor en la final.

LUIS SUÁREZ - INTER DE MILÁN

El Arquitecto volvió a Riazor en 1966 defendiendo la camiseta del Inter para disputar un amistoso que se llevaron los italianos por un resultado de 1-2.

Luis Suárez Miramontes regresó a Riazor en 1966 vistiendo la camiseta del Inter de Milán. El Arquitecto (en el centro) junto a Manolete y Loureda.
Luis Suárez Miramontes regresó a Riazor en 1966 vistiendo la camiseta del Inter de Milán. El Arquitecto (en el centro) junto a Manolete y Loureda. Cedida por el Real Club Deportivo

BECKENBAUER - BAYERN DE MÚNICH

Jugó el Teresa Herrera de 1969 no logrando alcanzar la final.

CRUYFF - AJAX

Visitó dos veces Riazor con el Ajax y volvería con el Barcelona.

SIMONSEN - MÖNCHENGLADBACH

Jugó en A Coruña con el Borussia antes de ganar el Balón de Oro.

OLEG BLOKHIN - DINAMO DE KIEV

El también Balón de Oro pisó el cesped coruñés en 1983. Los ucranianos disputaron tres Teresa Herrera consecutivos.

VAN BASTEN - MILÁN

Junto a Gullit (también Balón de Oro) y Rijkaard, el delantero pisó Riazor en un amistoso en 1992.

MARADONA - SEVILLA F.C.

El Pelusa cayó frente al Deportivo en la temporada 1992-1993.

 SAMMER - DORTMUND

Balón de Oro en 1996, eliminó al Dépor de la UEFA en 1994.

Riazor también fue escenario de lo más selecto del atletismo, el ciclismo y la música

En 1959 Antonio Suárez —ganador de la Vuelta a España aquel año—, Charly Gaul —vencedor del Giro— y Federico Martín Bahamontes —flamante ganador del Tour del 59— se citaron sobre la ceniza que cubría las pistas de atletismo del estadio coruñés. Ganó Luis Otaño en aquella prueba de relumbrón en Riazor, que también ha sido tres veces escenario de final de etapa en la Vuelta Ciclista a España.

Pero el municipal es también atletismo, con plusmarquistas mundiales y medallistas olímpicos corriendo y brincando por las pistas. Abel Antón, Saïd Aouita, Dietmar Mogenburg o Edwin Moses. Marea.

Cuando en 1998 se construyó la grada de Pabellón y se cerró el estadio, las pistas de atletismo quedaron inutilizadas de facto con follón municipal incluido. Siempre hubo polémica con las calles que rodeaban el césped donde se desarrollaba el Deportivo. Ni comían, ni dejaban comer, pese a que por ellas se dejasen ver grandes estrellas. Eran seis, es decir, dos menos de las necesarias para una competición oficial, lo que impedía ver competiciones del más alto nivel. Por otro lado, estorbaban para el fútbol porque los rivales, muy cucos ellos, aprovechaban para perder tiempo lanzando el balón fuera del recinto. Decía Kubala a Orestes Vara, antiguo periodista de La Voz de Galicia y TVE, que su estadio le costaba al Dépor tres o cuatro puntos por temporada. Eso en un fútbol en el que se sumaban dos puntos por victoria, no es una cifra desdeñable.

Atletismo, ciclismo y un poco de todo. También «hippies con fama de malolientes, neohippies de Albacete con estética grunge, heavymetaleros delirantes o rockers de tupé y patilla larga», según apuntaba la crónica musical de este periódico. Esa era la fauna que se plantó sobre el césped para asistir al Concierto de los Mil Años del Xacobeo 93. Robert Plant, Bo Diddley, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis o Bob Dylan. Un mes tardó la hierba en recuperarse de tanto traqueteo.

Diez años antes actuó, en un recital más tranquilo, Julio Iglesias. En Riazor no solo se cantó bajo palos.

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Una galaxia llamada Riazor