El mito blanco vistió la blanquiazul

El día que Di Stéfano jugó con el Deportivo, ocurrió el 29 de enero de 1955


a coruña / la voz

Riazor se quedó pequeño para asistir a un partido histórico, aquel en el que Di Stéfano vistió la camiseta del Deportivo. Ocurrió con motivo de un homenaje a Julián Cuenca, quien se retiraba entonces. La Saeta Rubia, ya considerado por aquellos días en el ramillete de futbolistas entre los que se discute cuál es el mejor de todos los tiempos, obtuvo el permiso del Madrid y viajó para lucir la zamarra blanquiazul junto a los célticos Olmedo y Torres, que reforzaban al equipo coruñés frente a uno de los grandes de la época, el Vasco de Gama.

La irrepetible alineación estuvo formada por Otero; Rodolfo, Zubieta, Tomás; Lechuga, Cuenca; Arsenio, Di Stéfano, Pahíño, Olmedo y Torres. De estos once solo viven en la actualidad Arsenio y Carlos Torres, quienes recuerdan perfectamente aquel amistoso. El marcador final (1-6) y la crónica de La Voz hablan de una «espléndida exhibición de fútbol» brasileño. «Fue un partido muy bonito, pero ellos jugaban un fútbol totalmente distinto al nuestro, que era más de fuerza», recuerda ahora el coruñés Carlos Torres, que militó en el Celta, el Espanyol y el Málaga, antes de cerrar su carrera en el Deportivo, y que acaba de cumplir 84 años. «Prácticamente nosotros no hemos jugado», se quejó Di Stéfano, según recogió este diario tras el partido.

«Era el más grande que jugó nunca. Un futbolista supercompetitivo que quería ganar siempre, pero aquel día los brasileños no nos dejaron oler la pelota y nos clavaron seis goles. Me acuerdo de que Di Stéfano y Olmedo estuvieron todo el rato: “Déjame aquí a mí, échate para allí”. Estaban los dos rabiosos porque no tocaban el balón», explica Torres. Antes del partido, la Saeta Rubia, que al año siguiente levantó la primera de las cinco Copas de Europa consecutivas que ganó con el Real Madrid, había concedido una entrevista a La Voz en la que se declaraba muy satisfecho de jugar en Riazor. «Yo, personalmente, voy encantado. La Coruña me simpatiza mucho, me agrada participar en el homenaje a Cuenca y deseo jugar otra vez contra Vasco de Gama, que había maravillado a los aficionados gallegos», dijo.

El Vasco de Gama, un grande

Es que era la segunda ocasión en que el Vasco de Gama pisaba Riazor en poco tiempo, pues había disputado la segunda edición del Teresa Herrera, cuando cayó (3-2) frente al Athletic de Zarra y Panizo, pero había maravillado a los aficionados con un fútbol de alta escuela. Es más, tal era la admiración que despertaba, que fue despedido con una ovación. «Jugamos un partido sin pelota, porque ellos prácticamente nos pasaban al lado como aviones», recuerda ahora Arsenio.

El único gol deportivista del partido en el que Di Stéfano jugó con el Dépor fue obra de Olmedo a pase de Pahíño y supuso el momentáneo 1-2 con que se llegó al descanso. En la segunda parte hubo cuatro tantos brasileños más. «Haga constar -señaló el delantero del Celta en la previa del partido- mi satisfacción por jugar este encuentro homenaje a mi gran amigo Cuenca. Amigo desde la infancia, por ser vecinos en Madrid, en el barrio de Vallecas». Precisamente, Olmedo había entrado a última hora en el ataque deportivista, después de que el Barcelona negase el permiso a Luis Suárez, que el año anterior había sido traspasado junto a Moll al equipo catalán. Si el elegante futbolista coruñés hubiese podido participar en el partido de homenaje, el Deportivo habría formado una línea ofensiva irrepetible, con Arsenio, Di Stéfano, Pahíño, el propio Suárez y Torres.

Este recuerda que por aquel entonces era habitual la disputa de amistosos en los que grandes futbolistas de la época participaban mezclados con otros de diferentes equipos. «Jugábamos en Betanzos o en Culleredo. En una ocasión vino Luis y también estaban Jaime Blanco y Amancio. Y otro año Puskas, que se llevó a todo el mundo de calle, era un tío saladísimo, un fuera de serie como jugador y persona», recuerda.

Una brillante combinación entre el Zorro y la Saeta

Pese al 1-6 final, la crónica de La Voz destaca que el Deportivo «empezó con promesas de batalla, pero después de una feliz y brillante combinación entre Arsenio y Di Stéfano, después de algunas cosas de los volantes coruñeses, después de este escaso bagaje de calidades, el Vasco de Gama se hizo el amo». En el equipo brasileño formaban ocho internacionales de entonces, entre ellos cinco subcampeones «canarinhos» en el Mundial de 1950 (el del célebre maracanazo): el portero Barbosa, Ademir, Pinga, Ely y Maneca.

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