«Málaga va a ser una guerra»

Carlos Fernández, bigoleador ante el Málaga, y el capitán Álex Bergantiños trataron de frenar la euforia y anticiparon sufrimiento para la vuelta


Con la tranquilidad de un veterano, como ya lo había hecho ante el Mallorca en un momento de los que hacen temblar las piernas, Carlos Fernández batía desde los once metros a Munir y levantaba el puño hacia la grada. El sevillano, al que muchos vieron lejos de Riazor durante este play-off ante la amenaza de la llamada de la sub-21, volvería a enloquecer, ya de forma definitiva a Riazor en la segunda parte con el tanto que sellaba la remontada. Su ausencia del combinado nacional, fue amortizada por el 18 con creces.

«Ha sido un partido de muchos momentos. La vuelta que nos queda va a ser en la misma tónica y va a haber momentos para los dos equipos», razonaba el punta. «Debemos saber que quedan 90 minutos durísimos, que va a ser una guerra en Málaga», anticipaba en la zona mixta del estadio de Riazor.

Carlos Fernández se deshacía en elogios hacia el público que ayer empujó al equipo hacia la victoria. «Ha sido una maravilla ver el campo lleno, cómo la gente transmitía y animaba. Jugar con esta afición es un plus de motivación. Sin ellos esto sería imposible», aseguraba mientras advertía. «El que piense que la eliminatoria ya está hecha está muy equivocado. Estos cuatro equipos llevamos once meses peleando por el mismo objetivo».

 

Y el sevillano, feliz porque el acierto volvió a sonreír al equipo en la noche en la que era más necesario, quiso recordar una frase de un amigo. «Donde no llegue el acierto, que llegue la existencia». Y ayer el cántaro se rompió por los dos lados.

Y frente a la serenidad que mostraba el novato sorprendió la emoción, aunque siempre contenida en él, del capitán Álex Bergantiños. «Personalmente lo he disfrutado muchísimo, será un partido que recuerde siempre», aseguraba emocionado el 4 que, tras vérselas y deseárselas en todo tipo de circunstancias en esto del fútbol, advirtió del peligro del partido de vuelta.

«Es un año complicado en lo emocional, hemos estado al borde de quedarnos fuera de todo y eso nos ha servido para ser más fuertes. Al final se ve en días como hoy», decía ayer el de la Sagrada. Ese hombre que hace de lo que otros llamarían pomposamente «resiliencia» normalidad.

Riazor gesta una remontada de oro para el Deportivo

Pedro Barreiros
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Así fue la explosión de júbilo de Riazor tras el final del partido El final del partido y la victoria ante el Málaga desató una ola de felicidad en el estadio

Dos goles de Carlos, otro de Pedro y otro de Valle dan a los de Martí ventaja sobre un Málaga conformista

El mejor Dépor de la temporada puso un pie en la final de la promoción merced a una felicísima remontada. Pero el 4-2 final no se entendería sin el decisivo papel de la hinchada de Riazor. Una afición que siempre hizo creer a sus jugadores, nunca los abandonó, les insufló el oxígeno de un partido sin respiro y, por supuesto, disfrutó una victoria que puede valer oro de cara al choque del sábado en La Rosaleda.

Fue un partido de Primera. La tensión y el temor mutuo que se podía prever entre el Dépor y el Málaga para abrir la gran semifinal de esta promoción se quedaron en la pizarra. A una intensísima y espléndida primera parte, jugada con el cuchillo entre los dientes por los veintidós futbolistas, muy sufrida desde los banquillos y disfrutada por una afición convertida en el jugador número doce blanquiazul, le siguió una reanudación fantástica que premió sin duda a un gran Deportivo con pulmones de acero, pero también el derroche de dos equipos a los que la Segunda se le hace pequeña.

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