Iniesta, maestro de la sencillez

Último título del futbolista que escuchó el silencio en Sudáfrica, un talento sin par

.

santiago / la voz

Andrés Iniesta es tan sencillo y discreto, incluso para decir adiós, que cuesta creer que se está yendo uno de los mejores futbolistas de la historia, un centrocampista con dos cualidades excepcionales: es muy bueno y hace mejores a quienes lo rodean. Nunca presume. Basta recordar aquella frase que salió de su boca, abrumado por la avalancha de popularidad que se le vino encima después de marcar el tanto que le dio a España su único Mundial hasta la fecha: «Si lo sé, no meto el gol ante Holanda». Así de enorme es Iniesta, como su fútbol.

Puestos a rescatar reflexiones, hay dos, de dos apellidos ilustres, que en pocas palabras resumen todo lo que se pueda apuntar sobre un joven que se fue con doce años desde Fuentealbilla a La Masía y que dice adiós al Barcelona a punto de cumplir los 34, después de haberlo ganado todo. Una es de Menotti: «El mejor jugador del mundo es Iniesta. Gambetea, tiene juego, tiene gol, tiene pase de gol, corre, lucha. Nunca ganó un balón de oro. Quizá pasa que no tiene perfil para el márketing, tiene cara de nada». La otra es de Guardiola: «Andrés come aparte. No lleva pendientes, no se pinta el pelo, juega veinte minutos y no se queja. Es el ejemplo. Así se lo digo a los chicos».

Se está yendo un tipo tan sencillo como su fútbol, un talento natural en la interpretación de los espacios, un especialista en el difícil arte del último pase. «Se para todo y solo estamos el balón y yo, como cuando ves una imagen en cámara lenta. Es difícil escuchar el silencio, pero en ese momento escuché el silencio y sabía que ese balón iba dentro». Así recordaba Iniesta el gol ante Holanda. Sabía qué iba a pasar un segundo antes. La esencia de su fútbol.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

Iniesta, maestro de la sencillez