Con Fernando Vázquez, sí se puede

El técnico gallego ha contagiado su optimismo y el equipo ha recuperado la conexión con la afición


a coruña / la voz

«Es difícil, claro, pero no hay nadie que me pueda demostrar que no le podamos ganar de forma consecutiva al Celta, al Mallorca, al Zaragoza. Mientras las matemáticas no nos digan lo contrario, lo vamos a intentar». Esto lo dijo Fernando Vázquez, entrenador del colista de Primera División, el Deportivo, mucho antes de ser manteado por la afición. Y antes de haberle ganado al Celta en el derbi gallego. El primer paso estaba dado. Hacía falta una victoria, dijo en su momento, «porque la segunda será más fácil».

Ese es el discurso que en poco más de un mes ha conseguido inyectar el entrenador gallego en un equipo al borde del desahucio, al que su afición castigaba con el «¡Mercenarios!» desde la grada y del que su anterior entrenador Domingos Paciencia dijo que era incapaz de motivar. Ahora, el inquilino del banquillo dice cosas como «si antes creía, ahora aún creo más» y desde el graderío se escucha: «¡Sí se puede, sí se puede!».

Vázquez exprime su didáctica: «Yo digo siempre que ese espíritu que viven las masas cuando hay muchísima gente junta unida por un motivo, esa conexión de tipo espiritual que vive un colectivo, lógicamente incide en los jugadores». Dicho de otro modo, también en palabras del técnico: «Si estamos peleados con la afición, nada de nada».

Sin agresividad

En contraposición a sus predecesores, Fernando Vázquez optó por la concordia tanto en sus relaciones con el vestuario (incluidas las referentes a Nelson Oliveira) como con los aficionados o el entorno.

Conocidas son ya a estas alturas sus cuentas para la salvación. Ocho victorias, de las que ya se ha conseguido una, precisamente en el derbi gallego. Sin embargo, a la hora de tallar el optimismo, Vázquez llegó a comentar que quizás con un triunfo menos podría ser suficiente para que el Deportivo permanezca una temporada más en Primera División.

Contagia de su positivismo y energía al grupo en cada entrenamiento. «Quiero futbolistas con alegría», avanza. Aunque puntilloso en la tarea defensiva, anima a sus futbolistas a que encaren al adversario, a que se prodiguen en el regate. Para corregirlos, no duda en rectificar su posición tirándoles del peto, de forma casi paternal.

Ese es el modus operandi de un Fernando Vázquez que ha acumulado sus ganas de entrenar durante seis años. Ahora, desborda. Según él, su primer entrenamiento al frente del Deportivo fue «sensacional, maravilloso». El Real Madrid, lejos de ser un rival complicado, le parecía el mejor adversario para dar un golpe de efecto. La grada coreó en ese encuentro el «¡Sí se puede, sí se puede!» por primera vez. Y tras la victoria en el derbi contra el Celta, cuando era unánime el pensamiento de que el parón liguero cortaría la euforia generada, Vázquez discrepaba: «Estos quince días nos vendrán bien para mejorar aspectos».

Promesas y deudas

«Yo prometí a la afición que el equipo iba a comunicarse con el esfuerzo, la intensidad, el sudor y el trabajo, y los futbolistas tienen que ser conscientes de esto», dijo. Como para Fernando Vázquez, lo prometido es deuda, en su haber cuenta la composición de las convocatorias, que perfilan cada semana el compromiso del grupo. Incluso tras el empate contra el Rayo, frenazo inesperado, el entrenador mantuvo la calma: «Aún tenemos tiempo».

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