Veinte concellos acaparan la mitad de la producción láctea de toda Galicia

x. r. alvite REDACCIÓN / LA VOZ

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Las entregas de los ganaderos de estos ayuntamientos se acercan a los tres millones de toneladas; Mazaricos, A Pastoriza, Lalín y Castro de Rei encabezan el ránking autonómico

29 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Galicia parece lejos aún de haber tocado su techo lácteo. De hecho, desde la desaparición de las cuotas lecheras en 2015, la producción no ha dejado de batir récords hasta alcanzar los 2,9 millones de toneladas durante el año pasado, justo el doble de la que se registraba a principios de la década de los 90. Una evolución que aún adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que, durante este período, han desaparecido tres cuartas partes de las granjas que permanecían en activo. Esta brutal reconversión ha permitido, sin embargo, que el sector se haya especializado y, sobre todo, modernizado hasta límites insospechados tal y como evidencia el hecho de que, aunque la mitad de los ayuntamientos gallegos siguen teniendo explotaciones lácteas en su territorio, apenas una veintena aglutinan ya la mitad de la materia prima que sale de la comunidad.

En este sentido, destaca de forma especial Mazaricos que, no solo se consolida como el primer productor de la comunidad, sino también como el que más ha conseguido aumentar su volumen de entregas lácteas durante los últimos años. Cuando en 2015 salían apenas 70 millones de litros de leche de sus 400 ganaderías, a día de hoy, con un centenar menos de granjas, la cantidad se eleva por encima de los 122,5 millones. Esto supone un incremento del 73% que cuadriplica al registrado por el conjunto de Galicia en este mismo intervalo de tiempo. El resto de municipios con mayor vocación lechera se reparten en media docena de comarcas del interior entre las que destaca A Terra Chá. De hecho, tres de los municipios que la integran: A Pastoriza (107,8 millones de litros), Castro de Rei (102 millones) y Cospeito (59,3 millones), se sitúan entre los diez primeros gallegos tanto por número de explotaciones -casi 900 en total- como por el volumen de materia prima entregada a la industria que se aproximó a los 400 millones de litros el año pasado. Inmediatamente después se sitúan la comarca de Ordes (Arzúa, Frades, Mesía, Tordoia, entre otros) de donde salieron el último ejercicio algo más de 283 millones de litros y la zona pontevedresa del Deza formada por los ayuntamientos de Lalín -tercero de Galicia con casi 108 millones de litros anuales-, Silleda, Rodeiro o Vila de Cruces. Esta área lechera, prácticamente la única de la provincia de Pontevedra, aglutina a más de un millar de granjas que generan un volumen lácteo próximo a los 265 millones de kilos. Completan la relación las comarcas de Lugo, Chantada y Xallas, esta última formada únicamente por los municipios de Santa Comba y Mazaricos.

 Competitividad

Diez mil vacas menos. Curiosamente, aunque la mayoría de estos territorios han logrado ampliar de forma importante su producción láctea, sus rebaños apenas han crecido y, si lo han hecho, ha sido de una forma muy tímida. De hecho, en Galicia se contabilizan actualmente 325.000 vacas lecheras adultas, casi once mil reses menos de las existentes hace una década. Ni siquiera en el conjunto de las principales comarcas productoras se constata un aumento importante del número de cabezas -las principales excepciones son Mazaricos y Frades que incorporaron a la actividad a algo más de 2.000 animales- manteniéndose prácticamente invariables las 153.000 vacas que figuraban censadas en 2011. La explicación al incremento en las entregas de materia prima hay que buscarla, por tanto, en el aumento del rendimiento por animal, tal y como evidencian los datos recogidos por los africores provinciales, las entidades responsables del programa oficial de control lechero en Galicia.  Si hace una década, una vaca lechera media producía 8.971 litros anuales, actualmente esa cifra ronda ya los 10.500 y todo apunta a que seguirá creciendo en los próximos años. Detrás de estos buenos resultados se esconde el excelente trabajo de los criadores gallegos tanto en la mejora genética de la raza frisona, como en los protocolos de manejo del ganado o la optimización de las técnicas de alimentación.