La tradición de pedir la mano al padre de la novia se reinventa en una íntima cena entre familias que algunos consideran un ensayo del gran día
07 ago 2014 . Actualizado a las 17:31 h.Hay quien escucha «pedida de mano» y, automáticamente, se traslada al siglo pasado; quien tuerce el gesto, quien relaciona el término a arcaicas tradiciones, con rodilla hincada en el suelo, anillo de tropecientos quilates y solicitud formal, con ojos de cordero degollado incluidos, al padre de la señorita en cuestión. Pero, evidentemente, nada de esto tiene que ver hoy en día con las pedidas de mano, recuperadas costumbres que forman parte del maratón previo a la boda y que se traducen en cenas más o menos íntimas entre las familias de los novios.
Suelen celebrarse unos meses antes de la fecha de la ceremonia (dos o tres) y formalizan oficialmente el compromiso adquirido por el novio y la novia. Hasta aquí están escritas «las reglas». Porque cada cena de pedida, al igual que cada boda y que cada pareja, es un mundo. ¿Qué dice la tradición? Que sea una cena, pero también hay comidas de pedida; que tenga lugar en casa de los padres de la novia, pero las hay que se preparan en un emplazamiento intermedio, en algún restaurante o en alguna casa rural, por ejemplo; que el novio tenga algún detalle con la novia, ya sea un segundo anillo de compromiso o cualquier otra joya, y la novia le regale al novio un reloj o unos gemelos, pero hay parejas que innovan en sus presentes e incluso gente que no se regala nada; y que queden para el recuerdo fotos de estudio que inmortalicen el día que marca el inicio de la cuenta atrás.
Estas pautas no son rígidas ni indespensables para pasar por el altar o firmar en el registro municipal. Algunos las cumplen a rajatabla, otros hacen de la pedida una celebración más personal y especial y hay quienes ni se paran en estos detalles. De cualquier forma, para los que se animen a añadir la pedida a la lista de festejos que rodea el bodorrio, hay cosas que no deben faltar y otras que es mejor evitar por todos los medios.
Lo que sí y lo que no
-Un buen y confeccionado menú. Siempre se puede tirar de un cátering con fama, pero si el presupuesto es limitado se puede optar por el «hazlo tu mismo». Los pinchos son una opción excelente. Elaborados, ligeros y con una cuidada presentación aportarán su granito de arena para que la celebración sea un momento cercano y entrañable, alejado de artificios. Y muchos quesos y buenos vinos.
-La mesa escogida para presentar las viandas de la pedida de mano es esencial para crear una u otra atmósfera. Puede ser, por ejemplo, bohemia, vintage o kisch, con sus correspondientes elementos decorativos. ¿Algún ejemplo? Unas copas de Martini encajarán a la perfección. Puedes encontrar más ejemplos en la web de El Corte Inglés.
-Preparar unos creativos gin-tonics para la sobremesa. Los mojitos, mejor, para las despedidas de solteros.
-Nada de lacrimógenas lecturas de más de media hora, ensalzando las virtudes de la pareja, recreándose en el síndrome del nido vacío y recordando lo monos que éramos cuando nos cambiaban los pañales. Unas palabras breves, directas, firmes y sinceras conseguirán no solo emocionar a las dos familias, sino grabar ese momento para siempre en el recuerdo.
-La entrega de regalos, que suele llevarse a cabo antes de sentarse a la mesa, no debe convertirse en la mañana de Reyes. El intercambio, discreto, deberá realizarse con naturalidad, originalidad y discrección. Las tendencias actuales huyen de presentes arcaicos y apuestan por la sorpresa que deja en la cara aparecer con una bicicleta personalizada, una cámara súper 8, una máquina de escribir antigua que aún funcione o una vespa, por poner algunos ejemplos.
-Para rematar la noche, algunos novios hacen una «postpedida» con sus amigos más cercanos. Se reúnen con ellos y se van a quemar la ciudad hasta el amanecer. También es válido quedarse con hermanos, futuros cuñados y padres con aguante a disfrutar del fresco de la madrugada mientras se fuma, se bebe, se ríe, se canta y se baila en algún jardín. Aburridos que se van a dormir antes de la medianoche tienen un futuro gris por delante.
-Un picnic, que tan de moda están. Pero un picnic bien, con todas las de la ley. Con tartas y cupcakes y cookies y toda la variedad repostera que se nos antoje. Mucho mejor que una mariscada, que comer a dos carrillos. Que no hay nada más feo que cabecear después del postre en un día tan especial.
-Muchas flores. Flores en la mesa, flores en pelo, si queremos. Centros de flores para las madres.
-Nunca asistir a la pedida con vestidos largos y blancos. Que el día de la boda ya llegará. Contengan las prisas.