Las tradicionales carreras de caballos Royal Ascot brillaron un año más con luz propia. Estrenaron nuevas instalaciones e innovadores sombreros.
21 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Tras celebrarse el año pasado en la ciudad norteña de York, las miles de personas que no fallan a la cita con Ascot regresaron a Berkshire (oeste de Londres) para contemplar la inauguración de nuevas las instalaciones del hipódromo y para ¡cómo no! lucir sombrero. Entre sorbos de «Pimms» y bocados de fresas con nata, aperitivo típico de las carreras inglesas, la multitud fue desfilando para encontrar un buen sitio y, sobre todo, dejarse ver con los más extravagantes vestidos y pamelas. Triunfaron los modelos en blanco y rojo y los colores de la selección inglesa, que ese mismo día empataba a dos contra Suecia en el Mundial de Alemania. Así, Maryanne Clark llevaba un veraniego vestido blanco con la cruz de San Jorge, como la bandera inglesa, y sombrero, pendientes, pañuelo y uñas pintadas con el mismo motivo. «Me ha llevado seis horas esta mañana prepararme, soy fanática del fútbol», admitió. El sombrerero David Shilling, cuyas pamelas adornaban la cabeza de muchas de las señoras presentes, se presentó con una corbata rojiblanca y pañuelo de conjunto. Este año, nuevamente, Ascot brilló en todo su esplendor y hizo bueno el dicho de que «caballo que no está en el Royal Ascot, caballo que no es». Aplicado a la cabeza: «sombrero que no está en el Royal Ascot, sombrero que no es».