«El método Kominsky»: todo lo que usted quería saber sobre la próstata

Michael Douglas posa con su Globo de Oor por el «Método Kominsky»
Michael Douglas posa con su Globo de Oor por el «Método Kominsky»

Nace esta serie de dos búsquedas de nuevo espacio creativo: la vía de escape de su director, Chuck Lorre, tras doce años al frente de la imperecedera The Big Bang Theory, y la percepción de Michael Douglas de que la pantalla grande ya solo le reserva roles de acompañamiento en películas de superhéroes, hombres hormiga y por ahí. De hecho, el gran papel de la carrera de Douglas en la última década, Behind the Candelabra, de Steven Soderberg, ya estaba producido directamente para la televisiva HBO.

Como productor ejecutivo de El método Kominsky, Michael Douglas asume aquí otra prueba de fuerza que desdice rumores sobre su estado de salud. Aguantarle el plano a Alan Arkin -uno de esos gigantes de la interpretación que ha brindado memorables pulsos con colosos como Pacino, Jack Lemmon o Nick Nolte- solo puede hacerse desde la plenitud. Mucho más cuando en esta buddy-movie crepuscular Douglas y Arkin se arriman de continuo para compartir el arsenal de achaques de sus cuerpos destartalados, sus informes médicos -esa próstata hiperbólica asaltada por un Danny DeVito a mitad de camino entre el urólogo y el mad doctor- o de sus lutos recientes.

Y la brillantez diferencial de estos ocho episodios de 25 minutos reside en el humor vitriólico con que se regatea a la ruina física. Y en sus diálogos, latigazos sarcásticos. Contribuyen a ahuyentar cualquier crujido de queja o de drama los bien disparatados cameos de gente de respeto como Jay Leno, Elliot Gould o Ann-Margret.

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