«Juego de Tronos»: Los celos de Tyrion

¿Por qué reacciona de esa extraña manera cuando ve a su reina con uno de los grandes protagonistas de la serie? (CUIDADO, SPOILERS)


El último episodio de Juego de Tronos condujo al espectador durante hora y media por un complejo y abrupto espectro de sensaciones: del asombro a la satisfacción, del orgullo al sobresalto, del espanto al regocijo y a la inquietud, un aguijonazo extraño que nos sobrevino ya al final, cuando (¡CUIDADO, SPOILERS!) Jon Snow y Daenerys se rinden a sus instintos más primarios encerrados en un confortable camarote de camino a Invernalia. Cogiendo fuerzas para la gran batalla, tía y sobrino consuman su tensión sexual -por si alguien todavía no daba crédito al secreto a voces, los creadores de la ficción se encargaron de dibujarnos el árbol genealógico mientras nos mostraban el cuerpo desnudo del chico nieve que tanto escándalo está generando en Twitter-, cocinada en fugaces encuentros en Rocadragón a golpe de pucheritos y desplome de pestañas. Lo escalofriante no fue el revolcón incestuoso -Juego de Tronos nos acostumbró a tales prácticas ya en la primera temporada- sino la presencia en el pasillo del consejero más fiel de la madre de los dragones, Tyrion Lannister. ¿Qué hacía el enano con el ceño fruncido escuchando tras la puerta? ¿Por qué reacciona de esa extraña manera él, favorable a la carne y a la orgía, habitual de la ruta de burdeles de Poniente? ¿Hay celos en su mirada, puñales que se clavan en el centro de su alma? ¿Está el diminuto rubio enamorado de la Targaryen?

El gesto ha desatado todo tipo de teorías, de las que, descartando las más descabelladas -vamos a suponer que no, que Tyrion no está prendado de los encantos de Daenerys-, se salvan tres:

-Sabe que Jon Snow no es un bastardo, que no es hijo de Ned. Que es un Targaryen. Porque hace tiempo que al espectador le quedó claro que la cantinela snow era un cuento, que Jon era uno de los personajes clave de esta interminable historia y que, por tanto, sus verdaderos padres no podían ser cualquier personaje secundario, ajeno al trono de los Siete Reinos. El décimo episodio de la temporada pasada nos confirmó la teoría R + L = J, llevándonos, a través de los ojos de Bran, a la Torre de la Alegría para asistir al postparto de Lyanna Stark. El dragón y el lobo se valió de una conversación entre Sam y el Cuervo de tres ojos para atar los cabos pendientes: que Jon es un Targaryan (y, por tanto, sobrino de Daenerys), que Lyanna y Rhaegar estaban legalmente casados y que el rey del Norte es, en realidad, el legítimo heredero del Trono de Hierro. ¿Conocerá ya Tyrion el crucial parentesco del que nada sabe la pareja de enamorados (Jon, el pobre, nunca sabe nada)? Improbable. En teoría, solo lo sabía Ned y ahora, Bran y Sam. Pero hay alguien más que está al tanto del verdadero linaje de Jon: Howland Reed, padre de Meera y Jojen Reed, acompañantes de Bran y Hodor en su ruta hacia el Norte. Ned no estaba solo cuando encontró a su hermana en la Torre de la Alegría al borde de la muerte tras haber dado a luz. Estaba con su mejor amigo, Howland. Y todavía está vivo.

-Tyrion se ha cambiado de bando. Porque la sangre y el apellido tiran. Una potente teoría mantiene que el enano y Cersei llegaron a algún tipo de entendimiento durante su última conversación que implicaría una traición a Daenerys. El plano se corta justo cuando la Lannister desliza, entre líneas, su (supuesto) estado de buena esperanza, dato que su hermano, espabilado, capta al vuelo. A este arisco cambio de escena, que nos deja sin saber cómo concluyó la charla fraternal, se suma el humor de Tyrion, alterado porque el honesto Jon es incapaz de mentir, ni siquiera aunque el fin justifique los medios. ¿Y si el pequeño gran hombre, sabio consejero, decidió dispensar sus recomendaciones a la que hasta ahora era su enemiga? ¿Y si le sugirió la misma receta que a Nieve (engañar), justo lo que a continuación hizo Cersei en su declaración de intenciones ante sus invitados? ¿Instó Tyrion a la reina número dos a hacer creer a Jon y Daenerys que contaban con su apoyo frente a los Caminantes Blancos para desengrasar las tensas relaciones en Poniente? ¿Responderá su cara al sentimiento de culpa?

-Cree que el amor nubla por completo la razón. La tercera y más respaldada explicación al gesto contrariado de Tyrion cuando caza a Jon llamando a la puerta de Daenerys es la preocupación. ¿A qué? A que el vínculo sentimental entre ambos sea un obstáculo en una estrategia política que, suponemos, tiene milimétricamente planeada. Es un hecho que el Lannister es un gran jugador del juego de tronos y, por extensión, inteligente consejero. Por algo es la mano de Daenerys. Sabe, por experiencia propia, que la mente fría es primordial; que los impulsos pasionales y, especialmente, el amor pueden acabar convirtiéndose en el punto débil de todo humano -él mismo casi acaba decapitado por hacerle caso al corazón-; y que este tipo de vínculos deben ser encarados con perspectiva. Vamos, que si uno quiere sentarse en el trono de hierro no puede liarse con cualquiera (ya sabemos que Jon no es cualquiera, pero...). Requiere planificación. Más todavía si se anhelan retoños (ya sabemos que Daenerys no puede ser madre, pero...). El caso es que parece que a Tyrion no le hace nada de gracia la nueva pareja. No es la primera vez que tuerce el gesto ante las aventuras de alcoba de la rubísima. Hagamos memoria: fue el enano el que le recomendó dejar atrás a Daario Naharis, romper con una relación romántica que tenía todas las papeletas para acabar convirtiéndose en un problema para sus ambiciones en Poniente. No le gustaba Huisman y ahora tampoco le gusta Kit Harington. ¿No estás poniendo un poco alto el listón, pequeño Lannister?

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