Un cochecito de Swarovski

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

TELEVISIÓN

Los tróspidos llegaron un día para quedarse en nuestra tele sin remedio y así, poco a poco, han acabado por coronarse como ningún otro formato televisivo. Son toda una corte de príncipes, princesas y reyes que han creado realidad como tendencia irreal que es todo un espejismo. Si Mediaset se abrió al directo duro con Sálvame a la cabeza, la cadena ha conseguido fijar en el imaginario un original concepto basado en la edición extrema, con el humor como referente y única razón de ser. Por eso es imposible no caer rendido como espectador ante tamaña proeza que deja boquiabierto al primero que se planta delante de la pantalla: ¿puede existir gente así? Y mucho peor, porque en el lenguaje tróspido el requisito fundamental es dar color y ser lo más «virgen» posible desde el punto de vista televisivo. De ahí que enseguida triunfe la excepción de tono fucsia en cada programa. Es un filón inagotable de gente que se corona en un absurdo de lo más normal, buscando pareja en pelotas en una isla, vestida como una cenicienta de cuento o paseando a su bebé en un cochecito de Swarovski, el último hit de la dinastía de los Gypsy Kings que se colarán otra vez en nuestra tele con majestuosidad gitana. Los escépticos acabarán por convencerse de que no hay tele más trabajada en el lujo de detalles para envolver de fantasía la realidad. Con verdadero interés: yo si no lo creo no lo veo.