Caerán conmigo en que no hay mejor título para una serie y que el reclamo de esta columna no es otro que que caigan a su vez en este interrogante que no es invención. Jorge Sanz regresa en febrero en esa increíble ficción real que ha creado David Trueba. Es difícil explicar en unas líneas de qué va la serie porque es el propio tono el que asegura un buen rato frente a ella, liderado por el personaje decadente de Jorge Sanz, mayor, descreído, encantador, desesperante y lleno de buen humor. El que le pone él y su representante en la ficción, Amadeo, encarnado por Eduardo Antuña, un antiguo vendedor de quesos que destripa con mordacidad el mundo del espectáculo. Pero lo que realmente enganchó de la serie después de cinco años para este regreso breve, pero regreso al fin, es esa original mirada del director, la extrañeza que le pone -en absoluta arquetípica- a la historia del famoso venido a menos hasta conseguir que Jorge Sanz nos parezca un maravilloso actor. Y no es ninguna coña. Tanto como para emocionarnos con ese otro lado amargo y tierno de quien se ha armado de lo mejor de sí mismo en la caída al olvido. Nada en esta serie es real ni nada es mentira, de esa parte se encargan otros actores como Resines, Segura o José Sacristán, que avivan con su presencia una historia confusa, nacida y contada para conmover con una sola moraleja: querer más Jorge Sanz.