Fue contra pronóstico, y en domingo, pero La Sexta (otra vez) no falló y retransmitió en directo la investidura de Puigdemont, una cobertura de pobre audiencia pero que prueba la estrategia de la cadena y del tándem Antonio García Ferreras-Ana Pastor (tan rentable como al borde de la saturación), de cubrir cualquier evento de impacto informativo, no solo electoral. Su afán por la actualidad se ha convertido en su mayor éxito. Ante cualquier hecho destacado, hay espectadores que esperan y buscan en pantalla (como si fuese un canal «todonoticias») un seguimiento especial, una confianza que «obliga», incluso, a sus muchos detractores a seguirlos, por ser el referente, y a los políticos críticos, a visitarlos en el plató.
Esta victoria mediática y en las redes sociales para Atresmedia deja, sin embargo, en mal lugar a Antena 3. La cadena insignia del grupo no ha sabido, o no ha querido (hasta hace poco) seguir el mismo pulso informativo, una falta de constancia que la penaliza en las grandes citas. En los pasados comicios, y con sus principales rostros en juego, vio cómo su «hermana pequeña» la arrollaba. Un curioso sorpasso que podría tener consecuencias. Ya hay voces que apuntan a movimientos internos que tendrían a García Ferreras como claro vencedor.